Al compartir ubicación en WhatsApp, un fallo permite que sigan viéndote

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Compartir la localización por WhatsApp se ha vuelto casi automático. Basta un clic cuando se llega tarde, cuando se queda con alguien en una zona desconocida o cuando se quiere que otra persona sepa que todo va bien.

El problema es que un pequeño despiste puede abrir una brecha de privacidad seria. Muchos usuarios creen que ya han cortado el envío, pero en realidad siguen emitiendo su posición durante más tiempo del que pretendían.

La alerta no apunta al cifrado de extremo a extremo de WhatsApp, sino a un malentendido muy común y a lo que ocurre en segundo plano. El GPS del móvil es muy preciso y, al dar permisos a aplicación como WhatsApp, se habilitan funciones que pueden continuar incluso con el dispositivo apagado.

  1. Dos formas de enviar localización y el error más común

Dos formas de enviar localización y el error más común

Al tocar el clip para adjuntar la ubicación, WhatsApp muestra dos opciones muy parecidas a simple vista, pero con efectos muy distintos. Esa similitud es la que dispara el riesgo.

Expertos en ciberseguridad insisten en la misma clave: no es lo mismo enviar un punto fijo que abrir una sesión de seguimiento. Entender esa diferencia evita que un contacto pueda saber más de lo necesario horas después.

  • Enviar mi ubicación actual: funciona como una foto. Se capturan las coordenadas de latitud y longitud en ese instante y se envía una chincheta fija. Da igual que después haya un cambio de ciudad o de país: ese punto no se actualiza. No exige seguimiento continuo.
  • Ubicación en tiempo real: aquí se activa un rastreo que queda corriendo en segundo plano. El fallo típico es pensar que, al salir del chat o cerrar WhatsApp desde la multitarea, el envío se corta. No es así.

WhatsApp, igual que Google Maps o Waze, puede operar en segundo plano si tiene permisos del sistema. Eso permite que, aunque el móvil esté bloqueado o se esté usando otra app, se sigan enviando actualizaciones de GPS cada pocos segundos al contacto elegido.

Si se selecciona la opción de 8 horas y no se cancela de forma manual y explícita, el seguimiento continúa. En ese tiempo, un contacto de WhatsApp puede ver con precisión dónde se termina el día, dónde se duerme, a dónde se va después de una cita o si se ha mentido sobre el paradero.

Cuando la cobertura arruina el corte

El escenario puede empeorar justo al intentar parar el rastreo. En ocasiones, se pulsa «Dejar de compartir» convencidos de que el envío se ha detenido, pero la red no acompaña.

Si en ese momento hay cobertura inestable, algo habitual en un garaje o en un ascensor, la orden no llega al servidor y no llega a ejecutarse. El resultado es directo: la ubicación sigue compartiéndose con el contacto seleccionado.

Este detalle ocurre más de lo que parece. La sensación es de control total, pero la falta de conexión puede dejar el seguimiento activo sin que se note.