El fallo más habitual al usar puertos USB que puede hacer perder datos

Los puertos USB suelen parecer la solución perfecta cuando la batería está en mínimos. Con un simple cable, muchos móviles y tablets empiezan a cargar al instante. Es rápido, cómodo y está por todas partes.

El problema es que esa comodidad puede salir cara. En 2026, la carga por USB sigue presente en ordenadores, Smart TV, routers, aviones, hoteles y transporte público. Pero no todos esos puertos son de fiar.

Cuando el teléfono marca un 5%, la prisa manda. Con la ansiedad por quedarse sin conexión, conocida como «nomofobia«, se tiende a enchufar el móvil a la primera entrada disponible. Y justo ahí aparece el riesgo: una conexión USB desconocida puede abrir la puerta a un ataque.

  1. Así opera el «juice jacking»

Así opera el «juice jacking»

Conectar un móvil a un USB público no siempre significa “solo cargar”. Esta amenaza se conoce como «juice jacking» y consiste en modificar puntos de carga para que, al enchufar el cable, el dispositivo quede expuesto a un hackeo.

El Instituto Nacional de Ciberseguridad lo resume con una advertencia clara: «Cuando conectas tu móvil a un puerto USB, este no tiene por qué transmitir únicamente energía, sino también datos -cuenta el Instituto Nacional de Ciberseguridad-. Si ese puerto ha sido manipulado por un ciberdelincuente, puede utilizar esa conexión para robar tus fotos, contraseñas, archivos sensibles o incluso instalar virus en tu dispositivo sin que te des cuenta».

Según el INCIBE, los ciberdelincuentes suelen centrarse en puntos de carga ubicados en aeropuertos, estaciones o centros comerciales. Son zonas con mucho tránsito y con usuarios con prisa, el escenario perfecto para bajar la guardia.

Aun así, el peligro no se limita a esos lugares. También pueden ser vulnerables puertos en hoteles, autobuses o equipos de uso público, como ordenadores en bibliotecas o universidades. Si la entrada USB no es propia ni conocida, conviene desconfiar.

Peligros de un puerto USB alterado

Un puerto comprometido puede ir mucho más allá de una simple intrusión. No solo se arriesga información personal: también se expone el acceso a cuentas y la instalación de software malicioso. El INCIBE enumera los principales impactos de este tipo de ataque.

Estos son los riesgos más habituales cuando se conecta un dispositivo a una entrada USB manipulada:

  • Robo de datos personales o bancarios. Un USB alterado puede extraer información sensible guardada en el móvil o la tablet. Por ejemplo, credenciales, correos, mensajes privados, contactos, fotos, vídeos e incluso datos bancarios almacenados en apps o en el navegador. Con esa información, un atacante puede suplantar la identidad, cometer delitos, intentar extorsionar o difundir contenido confidencial.
  • Instalar un malware. En algunos casos, la carga sirve como vía para colar malwares, como spywares (programas espías) o ransomware (que secuestran los datos). Estos virus pueden registrar pulsaciones, capturar contraseñas, seguir la actividad digital o enviar información a terceros sin permiso.
  • Acceso a cuentas y redes sociales. Si el atacante logra entrar durante la carga, puede tomar control de perfiles en Instagram, TikTok u otras plataformas y usarlos para suplantar la identidad o estafar a contactos.

Para reducir el riesgo, la recomendación es clara: usar el cargador propio enchufado a una toma de corriente, no a un USB público. Si no hay enchufes disponibles, una batería externa ayuda a no depender de puertos desconocidos.

Si no queda otra opción que recurrir a una conexión USB pública, conviene comprobar que no presente señales raras o manipulaciones visibles y usar un adaptador USB con bloqueo de datos.