Llorens, Premio Nacional de Informática: prohibir redes, "fracaso educativo"

EdTech Congress 2026

La prohibición de redes sociales para menores de 16 años en España vuelve a encender el debate. No por el objetivo, sino por el camino elegido.

La advertencia llega desde el mundo académico y suena a aviso urgente: vetar no enseña. Y sin aprendizaje, el problema se mueve, pero no desaparece.

En el EdTech Congress Barcelona 2026, el foco en el uso ético de la IA en educación puso sobre la mesa una idea incómoda: no todas las herramientas digitales que entran en el aula nacen para educar.

El catedrático de la Universidad de Alicante y Premio Nacional de Informática Ramón Llull 2025, Faraó Llorens, tacha de “fracaso educativo” el anuncio reciente de prohibir redes sociales a menores de 16 años en España. A su juicio, esa medida refleja la incapacidad de enseñar a convivir con estas plataformas.

En una entrevista con Europa Press durante el EdTech Congress Barcelona 2026, celebrado esta semana en el Palau de Congressos de Fira de Barcelona, defiende que hacen falta reglas. Pero también avisa de que las prohibiciones dejan un sabor “agridulce”.

  1. Prohibir no es educar
  2. Tecnología no neutra
  3. Adopción institucional de la IA

Prohibir no es educar

Llorens plantea un giro de enfoque: gestionar riesgos en vez de cerrar la puerta de golpe. “El riesgo existe en todo. Si no se gestiona, se llega donde se llega”, señala.

Según su análisis, lo más fácil es prohibir. Lo difícil es educar para el uso responsable. Por eso considera que el control y la vigilancia no pueden ser el centro: “El control y la vigilancia son un fracaso de la educación”, sostiene.

Tecnología no neutra

El catedrático alerta sobre el tipo de herramientas digitales que se intentan introducir en clase. No todas se diseñaron para aprender. Muchas responden a otros fines.

Intereses comerciales y adicción

La idea clave es directa: la tecnología no es neutra. “Está diseñada con intenciones”, remarca. En el caso de las redes sociales, describe un objetivo claro: maximizar el “scroll” y el “me gusta”.

Para lograrlo, menciona el uso de experimentos psicológicos que generan adicción y captan la atención. Esa atención, añade, se convierte en producto para venderlo a empresas de publicidad.

IA y dinámicas nocivas

Llorens advierte de que la inteligencia artificial amplifica esa capacidad de influencia. Y con ello, dinámicas dañinas como el ciberbullying o el populismo pueden volverse “brutales”.

En una frase contundente, resume su preocupación social: “Se ha llegado a un punto en el que el abusador del patio del colegio está gobernando el mundo”. Y lanza el mensaje central: hace falta pensar qué sociedad se quiere para que la tecnología no rompa la convivencia.

Adopción institucional de la IA

Sobre la irrupción de la IA generativa, el investigador pide pasar de acciones sueltas a una adopción institucional con reglas claras. No como iniciativa aislada de algunas personas, sino como decisión de centro.

Políticas, garantías e infraestructura

Para Llorens, los centros educativos deben contar con políticas propias, garantías éticas e infraestructuras seguras. También recomienda apoyarse en socios tecnológicos locales y cercanos que respeten la protección de datos.

El cierre de su planteamiento evita el alarmismo, pero exige acción: la tecnología no es “el demonio”, pero su diseño debe poder influirse. Reconoce su enorme capacidad de comunicación, aunque reclama límites: no puede aceptarse que el mundo tecnológico funcione sin reglas y quede en manos de las grandes tecnológicas.