El matrimonio y el respaldo emocional se asocian con menor riesgo de obesidad

Las relaciones sociales, especialmente los matrimonios de alta calidad, pueden desempeñar un papel relevante en la protección frente a la obesidad, según una investigación reciente liderada por UCLA Health. El estudio, publicado en la revista ‘Gut Microbes’, identifica una conexión específica entre la calidad de los lazos sociales, la salud física y los mecanismos que regulan el peso corporal.

Los resultados muestran cómo los vínculos afectivos no solo influyen en el bienestar emocional, sino también en diversos procesos biológicos. La calidad de la relación puede impactar tanto como factores tradicionales como el ejercicio físico y la dieta, indicaron los investigadores. Se destaca la función que cumple la hormona oxitocina, conocida popularmente como “la hormona del amor”, en la interacción entre el cerebro, el metabolismo y el intestino.

La investigación analizó datos de alrededor de 100 participantes en el área de Los Ángeles, que compartieron información sobre su estado civil, índice de masa corporal (IMC), calidad de dieta, edad, sexo, raza y nivel socioeconómico. Adicionalmente, el equipo realizó pruebas clínicas y conductuales, imágenes cerebrales al exponer a los voluntarios a fotografías de alimentos, análisis de metabolitos en heces y mediciones de oxitocina en plasma sanguíneo.

  1. Impacto de las relaciones sociales en la obesidad
  2. Hallazgos sobre la oxitocina y la comunicación cerebro-intestino
  3. Consideraciones y limitaciones del estudio

Impacto de las relaciones sociales en la obesidad

El estudio identificó diferencias notables al comparar participantes casados con altos niveles de apoyo emocional frente a aquellos que disponían de menor soporte. Los primeros presentaron un índice de masa corporal inferior, además de menos conductas relacionadas con la adicción a la comida. Las imágenes cerebrales obtuvieron que estas personas mostraban mayor actividad en la corteza prefrontal dorsolateral, región cerebral relacionada con el control de los antojos y el apetito, durante la visualización de alimentos.

En contraste, los individuos solteros no evidenciaron los mismos patrones de actividad cerebral, independientemente de contar o no con una red de apoyo social fuerte. Los investigadores sugieren que esta variabilidad puede estar asociada a la diversidad y menor consistencia en los círculos sociales propios de quienes no conviven en pareja.

Más allá del control del apetito, el apoyo social demostró intervenir en el metabolismo intestinal. Las personas que recibieron mayor soporte, según el análisis de las muestras de heces, presentaron modificaciones favorables en metabolitos de triptófano. Dichos compuestos, producidos por bacterias intestinales, contribuyen al equilibrio energético, la función inmune y la regulación de la inflamación, al tiempo que participan en la síntesis de serotonina, fundamental para el ánimo y la conducta social.

Hallazgos sobre la oxitocina y la comunicación cerebro-intestino

Una de las principales aportaciones del trabajo es el papel de la oxitocina como vínculo biológico en este proceso. Los participantes casados y con fuerte apoyo emocional mostraron niveles significativamente mayores de esta hormona comparados con los solteros. Según la doctora Arpana Church, responsable principal del estudio, “la oxitocina podría actuar como un mensajero biológico que mejora regiones cerebrales implicadas en el autocontrol y promueve perfiles metabólicos intestinales más saludables”.

La neurocientífica explica que la oxitocina funciona como un director de orquesta entre el cerebro y el intestino, fortaleciendo la resistencia cerebral frente a los antojos y favoreciendo procesos metabólicos que ayudan a mantener un peso adecuado. Así, se vincula el bienestar emocional con mejoras fisiológicas mensurables en la gestión del peso.

De esta manera, la investigación reevalúa supuestos comunes acerca del matrimonio y el peso corporal. Los beneficios atribuibles al autocontrol, la regulación metabólica y la presencia de oxitocina fueron más intensos en las parejas con mayor percepción de apoyo. Church añade que mantener una relación de larga duración requiere gestionar impulsos y adaptarse a objetivos a largo plazo, lo que podría potenciar los mecanismos cerebrales implicados en el control del comportamiento alimentario.

Consideraciones y limitaciones del estudio

El estudio abre nuevas perspectivas para la prevención y el tratamiento de la obesidad, sugiriendo que el fortalecimiento de relaciones sociales sólidas puede sumarse a la dieta saludable y la actividad física dentro de las estrategias de salud pública. Según la autora, “estos resultados subrayan la importancia crucial de construir relaciones duraderas, positivas y estables para promover la salud general”, trasladando el valor de los lazos sociales más allá del bienestar psicológico.

No obstante, los responsables de la investigación señalan ciertas limitaciones. Los datos fueron recogidos en un único momento, lo cual impide establecer relaciones causales claras. Además, la mayoría de los sujetos analizados presentaban sobrepeso u obesidad, y la edad media en el grupo de casados era más elevada que en los solteros. El equipo investigador apunta a la necesidad de futuras investigaciones con muestras más amplias y diseños longitudinales para validar y profundizar en estos hallazgos.