Trucos para mantener la casa "fresquita" en verano y ahorrar

Bombilla y monedas. ARCHIVO
Bombilla y monedas. ARCHIVO

Cada verano se repite una escena habitual: llegar a casa a las cuatro de la tarde y descubrir que el salón parece un horno. La reacción común suele ser bajar el aire acondicionado a diecinueve grados, esperando que en unos veinte minutos el calor desaparezca. Sin embargo, esta solución resulta costosa y poco eficiente.

Existe una alternativa sencilla, que no implica gastar dinero extra y actúa antes de que el calor alcance su punto máximo. Esta técnica, heredada de hábitos tradicionales, combina bajadas de persianas, ventanas cerradas durante el día y ventilación cruzada por la noche.

El IDAE recomienda dejar abiertas las ventanas durante la noche o temprano por la mañana para aprovechar las temperaturas más bajas. Durante las horas centrales del día, aconseja mantenerlas cerradas y bajar las persianas. Además, sugiere usar ventiladores, de techo preferentemente, como una opción mucho más económica que el aire acondicionado.

  1. Calmar el calor con gestos sencillos
  2. Persianas y ventanas: la primera barrera
  3. El poder de la ventilación cruzada por la noche
  4. Detalles que marcan la diferencia
  5. Antiguas técnicas para enfriar el ambiente

Calmar el calor con gestos sencillos

El movimiento de aire que genera un ventilador puede hacer que la sensación térmica sea hasta cinco grados menor que la temperatura real. Este simple recurso consume muy poca energía y puede reducir hasta un 10% el consumo eléctrico total del hogar con solo aplicarlo de manera habitual.

Bajar una persiana durante el mediodía puede impedir que la habitación aumente su temperatura hasta en siete grados. Al limitar la entrada directa de luz solar, se logra una disminución interior que oscila entre cinco y siete grados, especialmente cuando se habla de ventanas orientadas al sur o al oeste.

Persianas y ventanas: la primera barrera

Un toldo bien instalado produce una reducción de hasta seis grados en el calor que recibe la fachada. Asimismo, las cortinas térmicas bloquean alrededor del 30% del calor que viene del exterior, mientras que las láminas solares pegadas al cristal pueden disminuir la radiación en un 80% en ventanas con orientación sur y oeste.

En torno al 30% de las pérdidas energéticas de un hogar ocurren por ventanas y cierres mal aislados. Por eso, añadir un burlete sencillo y barato puede representar un ahorro grande cuando llegan las facturas de meses cálidos.

El poder de la ventilación cruzada por la noche

Cuando el aire exterior está más fresco, generalmente después de las 21:00 o 22:00 en la mayoría de España, es recomendable abrir ventanas opuestas para crear una corriente que refresque la casa. El aire frío entra y empuja hacia fuera el aire caliente, mejorando la temperatura interior.

Si se combina con el uso de ventiladores, este efecto se potencia. En verano, es importante que las aspas giren en sentido antihorario para empujar el aire frío hacia abajo y provocar esa sensación refrescante. Además, colocar hielo o botellas congeladas frente al ventilador origina un efecto de refrigeración evaporativa, enfriando el aire sin necesidad de aparatos de climatización avanzados.

Detalles que marcan la diferencia

El color de las persianas también influye en la temperatura interior. Las persianas claras o metalizadas reflejan mejor la radiación solar que las oscuras, por lo que cambiar una persiana oscura por una blanca junto con cortinas térmicas puede duplicar la eficacia del aislamiento térmico.

Para quienes viven en áticos, estas medidas se vuelven imprescindibles, ya que el calor que recibe la cubierta puede incrementar mucho la temperatura ambiente en esta parte de la vivienda.

Antiguas técnicas para enfriar el ambiente

Una técnica tradicional y muy efectiva consiste en fregar el suelo con agua fría al anochecer. El agua se evapora después y enfría el aire cercano al suelo, que al ser más denso, permanece más tiempo en las zonas bajas de la habitación, ayudando a refrescar el espacio.

Otro método consiste en colocar una sábana húmeda en la ventana cuando entra algo de brisa nocturna. El aire pasa a través del tejido humedecido y se enfría gracias a la evaporación antes de dispersarse por la estancia, ofreciendo un alivio natural contra el calor.