Descubre cómo las glaciaciones del Cuaternario moldearon las amebas en Iberia

Imagen de microscopía electrónica de la especie terrestre Centropyxis orbicularis.

Un estudio reciente realizado en el Real Jardín Botánico-CSIC desafía una creencia común sobre los microorganismos: no están en todas partes. Esta investigación, publicada en Molecular Ecology, revela cómo el clima de la Tierra ha sido clave para moldear la biodiversidad, incluso a nivel microscópico.

Los expertos explican que, aunque se pensaba que estos organismos diminutos viajan libremente por el planeta, la realidad es otra. La distribución genética de las amebas con caparazón, conocidas como Arcellinida, en la Península Ibérica posee huellas claras del impacto de las glaciaciones ocurridas en los últimos 2 millones de años.

Las glaciaciones del Cuaternario han sido determinantes para la distribución de plantas y animales. Sin embargo, su influencia sobre los microbios eucariotas no estaba del todo clara hasta ahora.

  1. Estudio sorprendente sobre amebas y glaciaciones
  2. Refugios glaciares: santuarios de vida microscópica
  3. Relevancia actual: efectos del cambio climático
  4. Datos y descubrimientos clave

Estudio sorprendente sobre amebas y glaciaciones

El equipo de investigación decidió analizar la genética de las Arcellinida en la Península Ibérica, una región considerada un refugio glacial durante épocas frías. Aunque las capas de hielo de entonces no cubrieron totalmente esta zona, el frío intenso y las condiciones secas marcaron profundamente su ecosistema.

Rubén González-Miguéns, autor principal, señala que muchas especies, incluidas estas amebas, sobrevivieron solo en áreas con clima más estable y suave, conocidas como refugios glaciares. Estas criaturas guardan en su ADN la historia de supervivencia y expansión en momentos más cálidos y húmedos.

Refugios glaciares: santuarios de vida microscópica

Las vastas estepas frías que dominaron el paisaje actuaron como barreras naturales. Dividieron las poblaciones de amebas, promoviendo su evolución independiente en distintas direcciones. Así, el aislamiento entre grupos no fue solo para grandes animales o plantas, sino también para estos microorganismos.

Este hallazgo añade un capítulo nuevo al conocimiento sobre cómo el clima moldeó la biodiversidad en todos los niveles, destacando que hasta las formas de vida más pequeñas no escaparon a los efectos de las glaciaciones.

Relevancia actual: efectos del cambio climático

Los investigadores también observaron que esta migración y diversificación no se ha frenado. Recientes desplazamientos de especies del Mediterráneo hacia zonas como Cantabria evidencian cómo el cambio climático actual sigue afectando la distribución genética de estos microorganismos.

Datos y descubrimientos clave

Emilio Cano, técnico en la Unidad Técnica de Apoyo a la Investigación del RJB-CSIC, destaca que se recopiló el conjunto más amplio de datos genéticos de Arcellinida, con 615 muestras de distintos continentes y ecosistemas.

Los puntos con mayor diversidad genética coinciden con los refugios glaciares que se conocen para la flora y fauna, subrayando que cada ecorregión posee nichos climáticos específicos. Enrique Lara, director del estudio, resalta que esta investigación desafía la idea de que los microbios están por doquier, mostrando que sus genes llevan las marcas del pasado climático.

La Península Ibérica no es solo un refugio para grandes mamíferos y árboles durante las glaciaciones, sino también un archivo oculto de diversidad microbiana. Este trabajo abre una ventana para comprender cómo el clima ha moldeado todo el árbol de la vida, sin importar el tamaño de sus ramas.