Lo que un estudio revela sobre premiar o castigar a tu perro y como entenderlo

Lo que un estudio revela sobre premiar o castigar a tu perro y como entenderlo
  1. Distintas formas de educar a un perro y su significado
  2. Cómo influyen las creencias éticas en el adiestramiento
  3. Reflexionar sobre la relación con el perro al adiestrar

Distintas formas de educar a un perro y su significado

Decidir cómo adiestrar a un perro parece ser simplemente una cuestión práctica. Algunos propietarios optan por agradecer con premios, juegos y frases positivas, mientras que otros prefieren corregir mediante órdenes estrictas, tirones de la correa o incluso castigos físicos. A menudo, la discusión gira en torno a qué técnica resulta más eficaz para alterar la conducta del animal en menos tiempo o para tener un mayor control.

No obstante, un estudio reciente llevado a cabo por la Universidad de Copenhague junto con la Universidad de Edimburgo sugiere que esta elección va más allá de la técnica. Sus hallazgos indican que el modo en que un dueño educa a su perro también refleja la percepción que tiene sobre la relación entre humanos y animales. Así, se revelan diferentes visiones: unas que ven a los perros como herramientas al servicio de las personas, otras que priorizan su bienestar y otras que reconocen sus derechos como seres morales.

Cómo influyen las creencias éticas en el adiestramiento

La investigación se basó en encuestas recopiladas de 500 dueños de perros en Estados Unidos. Los participantes indicaron con qué frecuencia empleaban varias técnicas para educar y respondieron a afirmaciones relacionadas con la ética hacia los animales. A partir de sus respuestas, los científicos clasificaron a los dueños en tres grandes grupos: aquellos con un enfoque antropocéntrico, los que se inclinan hacia el bienestar animal y quienes defienden los derechos de los animales.

Los métodos positivos destacaron por su amplia adopción: el 97% usaba elogios y el 86% recurría a premios o juguetes como incentivo. Aunque el castigo era menos habitual, seguía presente: el 46% admitió emplear algún tipo de castigo, y el 25% reconoció usar correcciones físicas, como tirar de la correa.

Lo más relevante fue la conexión entre estas prácticas y la perspectiva ética. Los propietarios con una visión más antropocéntrica —es decir, que consideran a los animales como entidades destinadas a servir a los humanos— tendían a emplear más castigos. En contraste, quienes priorizan el bienestar o los derechos de los animales usaban menos métodos punitivos y apostaban más por el refuerzo positivo.

Peter Sandøe, profesor en el Departamento de Ciencias Veterinarias y Animales de la Universidad de Copenhague y principal autor del estudio, lo expresa claramente: “El entrenamiento no es una actividad neutral”. Según los investigadores, la elección entre premiar o castigar no solo depende del conocimiento técnico, sino que también refleja las convicciones morales del dueño hacia su perro.

Este planteamiento transforma el debate. No se trata únicamente de cuál método consigue que el perro obedezca antes o deje de tirar de la correa con rapidez. También invita a reflexionar sobre qué tipo de vínculo se está fomentando: uno basado en la cooperación, confianza y guía o uno fundado en la obediencia impuesta con presión.

Eso no implica que educar con refuerzos positivos signifique dejar que el perro actúe sin límites. Las normas siguen siendo necesarias, pero la diferencia está en la forma de enseñar. Se trata de reforzar las conductas adecuadas, ajustar el entorno, prevenir situaciones conflictivas y reconocer que muchos comportamientos problemáticos pueden estar ligados al miedo, la frustración, el estrés o la falta de aprendizaje.

El adiestramiento canino genera debate porque toca aspectos personales. Algunos ven las correcciones como “poner límites”; otros, como una fuente de estrés que afecta la confianza

Reflexionar sobre la relación con el perro al adiestrar

Los autores puntualizan que el estudio no representa a toda la población de dueños. Por ello, no pretende cuantificar cuántos emplean castigos o cuál es la distribución exacta de posturas éticas. Su relevancia reside en mostrar la relación entre cómo se perciben los animales y los métodos de educación elegidos.

La investigación recuerda que el adiestramiento divide opiniones porque resulta un asunto muy personal. Para algunos, corregir es un modo de “poner límites”; para otros, esas técnicas pueden perjudicar la confianza del perro, aumentar su estrés o empeorar problemas de comportamiento. En el fondo, está la cuestión de qué papel ocupa el perro en la familia y qué responsabilidades conlleva convivir con él.

La recomendación no es criticar a los dueños, sino fomentar una reflexión más consciente. Antes de provocar una corrección, elevar la voz o imponer un castigo, conviene detenerse a entender qué sucede de verdad y buscar formas de enseñar al perro que eviten generar miedo o tensión.

Dar premios o aplicar castigos no es solamente una técnica. Es una manera de comunicarse con el animal sobre nuestras expectativas y, al mismo tiempo, una expresión de cómo concebimos su bienestar. En esta elección diaria, muchas veces automática, también se manifiesta el tipo de relación que se desea construir con el perro.