Cómo ajustan los colegios las aulas para soportar veranos más calurosos

Calor en las aulas
Numerosos centros educativos, construidos antes de las normas actuales de eficiencia energética, cuentan con aislamiento deficiente y protección solar insuficiente

Las altas temperaturas en los colegios han dejado de ser una incomodidad puntual de final de curso para convertirse en un problema de salud, aprendizaje y adaptación climática. Las últimas olas de calor han vuelto a situar a los centros educativos en el foco público, en un contexto en el que muchos mantendrán su actividad con campamentos de verano y en el que la Organización Meteorológica Mundial advierte de temperaturas cada vez más extremas y récords de calor más probables en los próximos años. Un escenario que refuerza la urgencia de adaptar las aulas a unas condiciones que ya no pueden considerarse excepcionales, en línea con lo establecido en la Ley Orgánica 3/2020, que recoge la necesidad de que los centros escolares dispongan de condiciones físicas que no perjudiquen la salud ni el aprendizaje del alumnado.

 

El reto es especialmente complejo por las características del parque escolar. Según la Asociación Española de Sombreado y Control Solar Dinámico, una parte relevante de los centros educativos en España fue construida antes de la entrada en vigor de normativas actuales, lo que se traduce en la existencia generalizada de cerramientos con escaso aislamiento, carpinterías antiguas, ausencia de sistemas de sombreamiento o una limitada adaptación a las condiciones climáticas actuales. Aunque el Real Decreto 486/1997 establece unas condiciones térmicas de referencia de hasta 27ºC para espacios donde se desarrollan actividades sedentarias, categoría en la que se incluyen las aulas escolares, muchas de ellas superan estos rangos durante los episodios de calor más intenso. A ello se suma una brecha entre cumplimiento normativo y confort real: el Código Técnico de la Edificación regula principalmente la eficiencia energética de la envolvente del edificio, pero no las condiciones térmicas efectivas en el interior de las aulas. Estas dependen del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), que establece criterios aplicables a sistemas de climatización que no siempre están presentes en los centros educativos.

 

El resultado de esto es que muchos edificios cumplen la normativa vigente, pero, aun así, no ofrecen unas condiciones reales de confort térmico adecuadas durante episodios de calor extremo. Y es que, instituciones como la Asociación Española de Pediatría advierten de que, a partir de los 26ºC o 27ºC, empiezan a deteriorarse capacidades como la concentración, el aprendizaje y el bienestar de los menores. En esta línea, la entidad señala que, por cada grado de aumento de la temperatura, disminuye el rendimiento académico y que, en aulas sin climatización, la probabilidad de suspender y de un mal rendimiento académico se incrementa de forma significativa.

 

Para dar respuesta a este reto, los expertos de Sto Ibérica, compañía especializada en la fabricación y comercialización de productos y sistemas de construcción, señalan que la adaptación de los centros educativos exige actuar sobre el edificio en su conjunto, con soluciones capaces de reducir la entrada de calor, estabilizar la temperatura interior y mejorar el confort real de las aulas:

·       Reforzar el aislamiento de la envolvente como base del confort térmico. Un buen aislamiento constituye el punto de partida para estabilizar las condiciones interiores del edificio, reducir las pérdidas y ganancias de calor y disminuir la dependencia de sistemas activos de climatización, y sobre esa base se articulan el resto de las intervenciones. En este sentido, las soluciones SATE permiten "envolver" el edificio de forma continua por el exterior, mejorar su comportamiento energético y limitar los puentes térmicos, favoreciendo una temperatura más estable en el interior de las aulas. Las fachadas ventiladas, por su parte, incorporan una cámara de aire que contribuye a mejorar el comportamiento térmico del cerramiento, favorece la evacuación de la humedad y ayuda a reducir la transmisión de ruido exterior, generando entornos más confortables para el aprendizaje.

 

 

·       Reducir la entrada de calor mediante ventanas y acristalamientos con control solar. En los meses de mayor exposición solar, ventanas y acristalamientos son uno de los puntos más sensibles del edificio frente al sobrecalentamiento. La renovación de carpinterías y vidrios por soluciones de altas prestaciones, con doble o triple acristalamiento y control solar, permite reducir las ganancias térmicas, mejorar la estanqueidad y estabilizar la temperatura interior. Además, contribuye a amortiguar el ruido exterior, procedente de patios, tráfico u otros espacios de actividad, favoreciendo aulas más tranquilas y adecuadas para la concentración.

 

 

·       Mejorar el comportamiento térmico mediante intervenciones interiores. La actuación sobre la fachada exterior es la opción más eficaz para optimizar el comportamiento térmico del edificio, pero cuando no es posible, existen soluciones desde el interior que ayudan a mejorar las condiciones de los espacios educativos. Entre ellas, el refuerzo del aislamiento térmico mediante sistemas interiores o la incorporación de materiales aislantes en cámaras existentes, siempre que la composición del cerramiento lo permita, puede contribuir a reducir las pérdidas y ganancias de calor. A ello se suman medidas de control solar interior, como cortinas técnicas, estores o láminas específicas, que permiten limitar la radiación solar directa sin oscurecer en exceso el aula y mantener unas condiciones adecuadas de luz y confort.

 

 

·       Optimizar la ventilación y la calidad del aire interior con sistemas eficientes. La renovación del aire es clave para mantener espacios saludables, pero debe abordarse sin comprometer el confort térmico ni disparar el consumo energético. En este sentido, los sistemas de ventilación mecánica con recuperación de energía permiten introducir aire exterior filtrado y extraer el aire viciado de forma continua, recuperando parte de la energía térmica del aire interior. De este modo, contribuyen a mejorar la calidad del aire, reducir la demanda de climatización y mantener condiciones más estables dentro de las aulas.

 

 

·       Adaptar los espacios exteriores para reducir el sobrecalentamiento. La estrategia de confort térmico de un colegio no debe limitarse al interior de las aulas. Patios, zonas de paso y espacios de estancia también pueden alcanzar temperaturas muy elevadas, especialmente cuando predominan pavimentos duros y superficies muy expuestas. En este sentido, incorporar arbolado, zonas de sombra, pérgolas, vegetación y pavimentos más permeables o de menor acumulación térmica permite mejorar el confort exterior durante recreos, actividades deportivas o dinamizaciones en campamentos de verano.

 

 

·       Aplicar revestimientos y pinturas de alta reflectancia frente a la radiación solar.En fachadas y cubiertas muy expuestas al sol, los acabados exteriores también pueden contribuir a reducir el sobrecalentamiento del edificio. El uso de revestimientos y pinturas de alta reflectancia, especialmente en tonos claros o con formulaciones específicas, ayuda a reflejar parte de la radiación solar incidente y a limitar la absorción de calor por los materiales constructivos. En cubiertas, las soluciones tipo "coolroof" pueden ayudar a moderar la temperatura superficial y reducir la transmisión de calor hacia el interior, mejorando el comportamiento térmico del centro durante los episodios de altas temperaturas.