Un estudio muestra que el 30% de áreas quemadas en España son zonas protegidas
Los espacios naturales protegidos son cruciales para conservar la biodiversidad y el patrimonio natural, sin embargo, no están exentos de sufrir grandes incendios forestales. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de León (ULE) revela que, hasta el 24 de agosto de 2026, cerca del 30% de la superficie quemada en España se encuentra dentro de estas áreas protegidas.
Esta investigación, liderada por Leonor Calvo y José Manuel Fernández Guisuraga del Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT), combina datos sobre incendios ocurridos en la temporada con los mapas oficiales de espacios naturales protegidos, mostrando así diferencias en el impacto según el tipo de figura de protección.
En concreto, los parques naturales suman alrededor de 40.000 hectáreas calcinadas, lo que representa casi la mitad de la superficie afectada dentro de áreas protegidas y un 14,6% del total quemado en España durante este periodo. Por otro lado, las áreas que forman parte de la Red Natura 2000 acumulan unas 25.560 hectáreas, equivalentes a casi el 30% de la superficie dañada en estos espacios y al 9,3% de la superficie quemada en todo el país en 2026.
- Valle de Iruelas, uno de los mayores impactos
- Factores que influyen en el comportamiento del fuego
- Medidas para prevenir incendios en espacios naturales
- Impacto ecológico de los incendios
- Uso de inteligencia artificial para anticipar incendios
Valle de Iruelas, uno de los mayores impactos
Un ejemplo claro de la vulnerabilidad de estos espacios es el incendio en Navaluenga, Ávila, ocurrido en julio. Según datos de EFFIS, las llamas afectaron unas 42.458 hectáreas e invadieron la Reserva Natural del Valle de Iruelas, uno de los rincones con mayor valor ecológico dentro del Sistema Central. Se estima que el 80% de esta reserva fue afectado por el fuego.
Estos casos no son aislados. En el año anterior, 2025, el 25,63% de la superficie quemada se ubicó dentro de áreas naturales protegidas, aumentando a casi el 30% en lo que va de 2026. Además, grandes incendios afectaron diversas zonas protegidas en el noroeste de la península, incluyendo el Parque Nacional de los Picos de Europa, donde el fuego de Barniedo de la Reina alcanzó su vertiente leonesa.
Factores que influyen en el comportamiento del fuego
La categoría legal de protección no garantiza que un incendio tenga menos impacto. La severidad y extensión dependen principalmente de aspectos climáticos, la cantidad y continuidad de combustible, así como el tipo y estado de la vegetación y la morfología del terreno.
Por esta razón, resulta clave que la conservación de estas áreas incorpore estrategias para prevenir grandes incendios y gestione el territorio según sus particularidades, en lugar de depender solo de la figura jurídica que las protege.
Medidas para prevenir incendios en espacios naturales
Los expertos proponen varias acciones, entre ellas la gestión de la biomasa y la continuidad del combustible, potenciar la ganadería extensiva y otros usos tradicionales, realizar quemas controladas cuando sean ecológicamente positivas y conservar paisajes variados donde se mezclen bosques, matorrales, pastizales y áreas agrícolas.
Estas estrategias deben acompañarse de cooperación interinstitucional, participación activa de la comunidad local, desarrollo de planes de autoprotección y seguimiento científico de cómo responden los ecosistemas tras un incendio.
Impacto ecológico de los incendios
Es importante recordar que la superficie quemada no siempre equivale a la destrucción ecológica irreversible. En muchos ecosistemas mediterráneos, el fuego forma parte de su dinámica natural y varias plantas tienen mecanismos para recuperarse, como el rebrote o la germinación tras el incendio.
El verdadero problema surge cuando el ritmo o intensidad de los incendios se altera, con fuegos demasiado frecuentes o severos que superan la capacidad de recuperación del ecosistema, dañan bancos de semillas, el suelo o eliminan zonas refugio esenciales para que la flora vuelva a colonizar.
Por esto, además de cuantificar hectáreas afectadas, es fundamental analizar la manera en que ardieron, los tipos de ecosistemas dañados y su capacidad para regenerarse.
Uso de inteligencia artificial para anticipar incendios
En esta línea, investigadores de la ULE en colaboración con la Universidad de Valladolid y la empresa tecnológica leonesa Vexiza han desarrollado CROWNFIRE-AI, una herramienta capaz de predecir qué zonas tienen condiciones favorables para que un incendio alcance las copas de los árboles y se propague rápidamente por el dosel forestal.
Esta tecnología usa información sobre vegetación, terreno y condiciones meteorológicas obtenidas por satélites para crear mapas que ayuden a anticipar escenarios de mayor riesgo, orientar labores de vigilancia y mejorar la planificación preventiva.
Como señala Fernández Guisuraga, el riesgo no depende solo de la vegetación, sino también de las condiciones climáticas que pueden variar mucho en pocos días y cambiar el comportamiento del fuego en un territorio.
Los incidentes ocurridos en las temporadas de 2025 y 2026 subrayan la importancia de integrar prevención, gestión territorial y ciencia para proteger eficazmente los espacios naturales protegidos ante los incendios.