Más de 1,2 millones viven una "jornada histórica" con León XIV en Cibeles

El Papa León XIV preside la misa de Corpus Christi, en la Plaza de Cibeles, a 7 de junio de 2026, en Madrid (España). El Papa León XIV oficia la solemnidad del Corpus Christi en Madrid con una misa y posterior procesión eucarística en el entorno de la cap
El Papa León XIV preside la misa de Corpus Christi, en la Plaza de Cibeles, a 7 de junio de 2026, en Madrid (España). El Papa León XIV oficia la solemnidad del Corpus Christi en Madrid con una misa y posterior procesión eucarística en el entorno de la cap

León XIV recibió una despedida llena de aplausos y vítores en el altar

MADRID, 7 (EUROPA PRESS)

Este sábado, la plaza de Cibeles y sus alrededores se convirtieron en el epicentro de una multitudinaria reunión que superó el millón de peregrinos y fieles. Desde muy temprano, miles acudieron para asistir a la misa oficiada por el Papa León XIV, en una jornada que se destacó por su ambiente festivo y devoto, y que varios participantes calificaron como un "evento histórico".

Desde la plaza de Colón hasta Neptuno, y desde Gran Vía hasta la puerta de Alcalá, las calles formaban una gran cruz repleta de asistentes llegados desde toda España. Las entradas a La Castellana por las dos puntas tuvieron que cerrarse muy pronto, antes de las diez de la mañana, debido a la gran cantidad de personas que superó la capacidad prevista, dejando a muchos fuera esperando.

Ya antes de comenzar la celebración, los fieles llenaban los espacios destinados en el centro de Madrid. Algunos pasaron la noche en la ciudad, mientras que otros llegaron con la salida del sol, preparados con mochilas, sombreros, paraguas y abanicos para soportar el calor y la espera. Conforme subía la temperatura, en las primeras filas comenzaron a verse los paraguas blancos que los organizadores distribuyeron para proteger a los asistentes del sol.

Entre la multitud destacó la presencia de numerosos jóvenes, que vestían camisetas de parroquias, movimientos eclesiales o colegios religiosos, y que en varias ocasiones corearon con entusiasmo «Esta es la juventud del Papa».

El ambiente previo a la misa se llenó de cantos, palmas y banderas, transformando la espera en una verdadera celebración que se extendió por calles y plazas cercanas. Las familias tuvieron un rol protagonista: padres con bebés en carritos, niños con pequeñas banderas del Vaticano y abuelos que recordaban visitas papales anteriores compartieron espacio con grupos de amigos.

Las congregaciones religiosas aportaron imágenes muy llamativas durante toda la jornada. Sacerdotes, religiosas y seminaristas caminaron entre la multitud. La ciudad amaneció decorada con los colores blanco y amarillo del Vaticano. Banderolas y pancartas de bienvenida adornaron puntos clave del recorrido, y varios edificios exhibieron detalles en honor a la visita papal.

Macetas, arreglos florales y otras composiciones alegraban diferentes zonas en torno a Cibeles, aportando color a una jornada que muchos definieron como "histórica" y que transformó la imagen habitual del centro de Madrid durante varias horas.

A medida que el papamóvil con el Pontífice se acercaba, visible en las pantallas instaladas, la emoción aumentó entre la gente. Los teléfonos móviles se levantaron para captar el momento y el bullicio se tornó en expectación mientras León XIV saludaba a quienes le esperaban en Cibeles.

Este recorrido permitió a miles verla de cerca. Algunos fieles se subieron a pequeñas plataformas o elevaron a los niños para mejorar su vista, escenas repetidas durante todo el trayecto. El papamóvil pausó en varias ocasiones para que el Papa bendijera a bebés, lo que conmovió mucho a los asistentes.

DEL RUIDO AL RESPETO

El ambiente festivo dio paso a un respetuoso silencio con el inicio de la homilía. La misa combinó momentos de calma y oración con otros de participación colectiva, con miles de voces respondiendo al unísono a plegarias y cantos, una escena que muchos calificaron como una de las más emotivas.

La música estuvo a cargo de un gran coro y orquesta, con cerca de 400 participantes provenientes del Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz y el Coro y Escolanía de la JMJ. Sus voces y la orquesta resonaron con fuerza desde Neptuno hasta Colón, emocionando a todos, quienes siguieron la ceremonia a través de 42 pantallas distribuidas por todo el recorrido.

PARAGUAS COMO SEÑAL EN LA COMUNIÓN

Durante el rito de la comunión, la solemnidad fue aún mayor. Ante la gran cantidad de asistentes, se organizó un sistema especial para que todos pudieran recibir el sacramento.

En las zonas más próximas al altar provisional y la plaza de Cibeles, los presbíteros concelebrantes repartieron la comunión directamente. En el resto de la plaza, alrededor de 2.300 ministros extraordinarios y un número similar de voluntarios se distribuyeron para llevarlo a cada sector.

Esta imagen fue muy significativa cuando, después de que León XIV recibió la comunión, cientos de paraguas blancos se abrieron simultáneamente en varios puntos de la multitud, sirviendo para marcar los lugares donde se repartía la comunión. La cantidad de gente fue tan alta que muchos no lograron llegar a los puntos señalizados.

Al terminar la misa, la plaza de Cibeles fue el punto de inicio de la procesión del Corpus Christi. El Santísimo Sacramento encabezó la marcha, seguido por el Pontífice, cardenales, arzobispos, obispos, laicos y niños que hicieron su primera comunión este año.

Una vez concluida la procesión y con el Pontífice aún en el altar, el público lo despidió con intensas ovaciones y numerosos gritos de «Viva el Papa».