Preferencias médicas después de los 50: cómo varían según edad y sexo
Las preferencias en cuanto a la atención médica cambian mucho según la edad y el género en personas mayores de 50 años, según revela un estudio reciente de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido.
Aunque los profesionales de la salud coinciden en que es vital tener en cuenta lo que desea cada paciente al momento de tomar decisiones médicas, la integración de estas preferencias en la práctica diaria sigue siendo lenta y poco desarrollada.
Además, hay pocas herramientas diseñadas especialmente para adultos mayores que ayuden a entender información médica compleja y a evaluar opciones de tratamiento, y se requiere más investigación para conocer mejor qué prefieren en general estas personas sobre su atención sanitaria.
Preferencias según edad y sexo
El estudio fue publicado en la revista de acceso libre PLOS One y se basó en datos de la octava ronda (2016/2017) del Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA). Este es un sondeo representativo que cubre a personas que viven en hogares privados en Inglaterra.
Participaron 6.098 adultos mayores de 50 años, todos respondieron al menos una de seis preguntas sobre sus preferencias médicas. Estas preguntas abordaron temas como la aversión a riesgos, la valoración de la calidad de vida presente frente al futuro, la importancia de la calidad frente a la duración de la vida, la función corporal frente a la apariencia, la disposición a recibir tratamientos experimentales y el grado de confianza para que sea el médico quien tome decisiones sobre el tratamiento.
Hallazgos del estudio
Las respuestas mostraron diferencias claras según sexo y edad. Por ejemplo, las mujeres tendieron a evitar riesgos, valoraron más la calidad de vida que la longevidad y rechazaron probar tratamientos experimentales. También prefirieron tomar decisiones por sí mismas en lugar de delegarlas en el médico.
Por otro lado, las personas de 75 años o más mostraron mayor tendencia a evitar riesgos, a priorizar la funcionalidad corporal frente a la apariencia y a confiar en el médico para que decida el tratamiento. Esta preferencia fue más marcada que en el grupo de 50 a 64 años.
El estudio no comparó estas preferencias con decisiones reales sobre salud y está limitado geográficamente a Inglaterra, por lo que los resultados podrían no aplicarse en otros contextos. Sin embargo, deja claro que las decisiones sobre atención médica varían según la edad y el género, lo cual puede servir para que los profesionales sanitarios conozcan mejor a sus pacientes y adapten la atención.
Implicaciones para la atención médica
El profesor Nicholas Steel, responsable de la investigación, comentó que las mujeres suelen darle más valor a la calidad de vida y prefieren ser ellas quienes decidan sobre su tratamiento, mostrando cautela frente a riesgos y tratamientos nuevos. Los hombres, en cambio, delegan más en los médicos y valoran la duración de la vida sobre la calidad.
En cuanto a la edad, las personas mayores tienden a evitar riesgos y tratamientos experimentales, confiando más en sus médicos para tomar decisiones. También priorizan que su cuerpo funcione bien antes que su apariencia externa.
Un hallazgo interesante fue la gran diversidad de opiniones que existen, ya que aunque la edad, sexo y educación ofrecen pistas, cada paciente tiene deseos únicos. Comprender estas preferencias puede mejorar tanto la satisfacción como los resultados en salud, especialmente con una población que envejece y decisiones médicas más complejas.
La doctora Oby Enwo destacó que la educación también influye: quienes tienen menos formación suelen preferir que el médico decida por ellos. Esto resalta la importancia de asegurar que la toma de decisiones compartida sea accesible para todas las personas por igual.
El profesor James Banks añadió que la atención centrada en el paciente requiere medir de forma sistemática y continua estas preferencias, además de analizar cómo evolucionan con el tiempo y los cambios en la vida, pues no se pueden reducir a medidas simples.
Resaltó también que la preferencia general por priorizar la calidad de vida frente a la duración es un aspecto fundamental para personalizar la atención médica y mejorar el bienestar de los mayores.