Por qué el sobrepeso y la obesidad no significan lo mismo

Sobrepeso. ARCHIVO

Los términos sobrepeso y obesidad se emplean con frecuencia como si fueran sinónimos, aunque desde un punto de vista clínico no lo son. Ambos hacen referencia a un exceso de peso o acumulación de grasa en el cuerpo que puede afectar la salud, pero se diferencian en la magnitud de esa acumulación, el nivel de riesgo asociado y la necesidad de un seguimiento médico.

En términos generales, para los adultos se considera que existe sobrepeso cuando el índice de masa corporal (IMC) se sitúa entre 25 y 29,9, mientras que la obesidad comienza a partir de un IMC igual o superior a 30. No obstante, esta medida únicamente relaciona el peso con la altura, ya que el IMC se calcula elevando la altura al cuadrado y dividiendo el peso entre ese valor. Por sí sola, esta fórmula no ofrece información sobre cómo está distribuida la grasa ni el impacto metabólico que puede tener en cada individuo.

"El IMC es una herramienta útil para una primera orientación, pero no debe interpretarse de forma aislada. Dos personas con el mismo IMC pueden tener perfiles de riesgo muy distintos si cambian el perímetro abdominal, la presión arterial, la glucosa, el colesterol o la presencia de otras enfermedades asociadas", señala Christian Alvarado, director médico de Drop, la unidad digital de Sanitas especializada en el tratamiento y seguimiento de la obesidad.

  1. Diferencias entre sobrepeso y obesidad
  2. Factores que influyen en la obesidad
  3. Claves para reconocer cuándo consultar
  4. Drop, un enfoque digital para el tratamiento

Diferencias entre sobrepeso y obesidad

La distinción entre sobrepeso y obesidad no solo radica en un cambio de categoría. En ciertos casos, el sobrepeso no implica alteraciones significativas en las analíticas. Mientras que, aunque el IMC no alcance los valores que definen la obesidad, la acumulación de grasa especialmente en la zona abdominal, la presión arterial elevada o ciertas alteraciones metabólicas pueden ser indicadores de un riesgo cardiometabólico aumentado.

Por otro lado, la obesidad es considerada una enfermedad crónica y multifactorial. Su desarrollo está influenciado por factores biológicos y hormonales, pero también por la calidad del sueño, el bienestar emocional, los hábitos alimentarios, la actividad física, la medicación, el entorno social y la historia clínica personal. Por ello, tratar la obesidad requiere un abordaje que vaya más allá de la simple pérdida de peso.

Factores que influyen en la obesidad

La complejidad de la obesidad responde a múltiples causas. No solo intervienen componentes genéticos o hormonales, sino también aspectos externos y conductuales. Dormir mal, experimentar estrés, tener una dieta desequilibrada o llevar una vida sedentaria son elementos que contribuyen a su desarrollo y mantenimiento.

Además, el contexto social y personal de cada individuo juega un papel fundamental en cómo se presenta y evoluciona la enfermedad. Esta variedad de factores hace que el tratamiento sea un proceso personalizado que necesita analizar la situación específica de cada paciente.

Claves para reconocer cuándo consultar

Para entender mejor el riesgo individual y saber cuándo es necesario acudir a un profesional, los expertos de Sanitas recomiendan prestar atención a distintos aspectos. El peso no debe ser el único indicador, ya que puede cambiar por varias causas y no refleja por sí solo la cantidad o distribución de la grasa. Por ello, es importante medir el perímetro abdominal y observar cómo evoluciona a lo largo del tiempo.

También es fundamental revisar parámetros metabólicos como la glucosa, el colesterol o los triglicéridos, además de controlar la presión arterial. Estos datos muestran si el exceso de peso está afectando la salud incluso cuando no se presentan síntomas visibles. Asimismo, valorar la capacidad funcional, notando si aparece mayor fatiga al caminar, subir escaleras o realizar tareas cotidianas, puede ser un signo de que el peso está limitando la movilidad o la resistencia física.

Otro aspecto importante es el descanso. Detectar ronquidos intensos, despertares frecuentes o sentir que no se descansa bien puede estar vinculado a problemas del sueño asociados a un exceso de peso, especialmente cuando hay acumulación de grasa en la zona del abdomen.

Por último, se recomienda evitar soluciones rápidas como dietas muy restrictivas, productos milagro o tratamientos iniciados sin asesoramiento profesional. Este tipo de opciones suelen ser difíciles de mantener y pueden no responder a las necesidades reales de cada persona. Además, pueden ocasionar efectos negativos como recuperación rápida del peso perdido o problemas físicos y emocionales.

"Comprender la diferencia entre sobrepeso y obesidad ayuda a evitar dos errores frecuentes: restar importancia al exceso de peso cuando ya existen señales de riesgo y reducir la obesidad a una cuestión de voluntad. El tratamiento no debe centrarse solo en alcanzar una cifra concreta, sino en mejorar la salud global de la persona", añade Christian Alvarado.

Drop, un enfoque digital para el tratamiento

En este contexto, la atención personalizada y prolongada en el tiempo es clave para lograr cambios saludables. La alimentación adecuada, la actividad física adaptada, el buen descanso, la salud emocional y el entorno personal influyen directamente en el progreso de cada paciente. Por ello, el seguimiento profesional permite ajustar objetivos, identificar obstáculos y acompañar de manera segura los cambios necesarios.

Sanitas ha desarrollado Drop, una unidad digital especializada en el tratamiento y seguimiento de la obesidad. Este servicio pone a disposición un equipo multidisciplinar compuesto por médicos, nutricionistas, preparadores físicos y psicólogos, que diseñan un plan individualizado para cada persona. Su misión es facilitar un proceso continuo, accesible desde cualquier lugar de España y disponible tanto para clientes como para no clientes de Sanitas, que promueva una mejora de la salud de forma segura y sostenible.