Colleen cambió la oficina por la floristería y gana 150.000 euros

Pese a su juventud, ya ha colaborado con artistas del calibre de Sabrina Carpenter

Conseguir un trabajo con buen ambiente y condiciones decentes se ha vuelto una carrera de obstáculos para mucha gente. Y cuando la situación aprieta, aparece una idea que cada vez suena más fuerte: dar el salto y emprender.

Eso es lo que terminó haciendo Colleen McCarthy, una joven de Ridgefield, Connecticut (EEUU), que pasó de una rutina corporativa que no le encajaba a vivir de algo que antes solo ocupaba sus ratos libres.

La clave estuvo en una afición que ya apuntaba maneras: los arreglos florales. Los hacía, los vendía a amigos y, casi sin darse cuenta, ese hobby empezó a pedir más espacio. Hasta quedarse con todo.

  1. Del despacho al taller de flores: el giro de Colleen McCarthy
  2. El momento clave en Flower School New York
  3. Números que sorprenden: tarifas y facturación en 2025
  4. Clientes famosos y la idea que marca su rumbo

Del despacho al taller de flores: el giro de Colleen McCarthy

McCarthy tenía un empleo corporativo, pero no se sentía a gusto. En paralelo, los arreglos florales iban creciendo en su vida: en su tiempo libre preparaba composiciones y las movía entre conocidos. Lo que parecía un extra terminó convirtiéndose en el plan principal.

El contexto tampoco ayudaba a despejar dudas. En 2020 se graduó en estudios ambientales y comunicaciones por la Universidad de Fordham, con el mercado laboral frenado por la pandemia. En sus propias palabras: "Me costaba encontrar trabajo, y mucho más uno en el que quisiera realmente estar". Cuando llegó un puesto, se asumió como algo "temporal".

El momento clave en Flower School New York

Mientras el trabajo de oficina seguía su curso, la verdadera motivación iba por otro lado. La dedicación a las flores no bajó. "Siempre era la persona en mi departamento que compraba flores en el supermercado y las arreglaba para que se vieran bien", explicó.

En 2022 tomó una decisión que aceleró todo: se matriculó en Flower School New York. Allí llegó el empujón definitivo. "Recuerdo que la instructora se acercó y me preguntó si era mi primera clase porque vio un talento natural en lo que hacía", recordó.

A partir de ese punto, el cambio fue también mental. "empecé a decirle a la gente que era florista, aunque no estaba realmente establecida. Creo que solo decirlo hizo que todo pareciera más fácil. Cuando logré mi primera venta estaba emocionada de que alguien pagara por mi trabajo". En 2023 se puso en marcha su propio negocio, y el adiós al empleo corporativo llegó en 2024.

Números que sorprenden: tarifas y facturación en 2025

El motivo de la salida fue tan simple como contundente: el volumen de encargos ya chocaba con el horario fijo. "Cada vez era más común que tuviese que rechazar pedidos por culpa de mi empleo de 9 a 17 h. Estaba completamente segura de que tendría éxito. Realmente no me sentía nerviosa ni asustada", aseguró.

Los resultados no tardaron en llamar la atención. Solo en 2025 facturó más de 150.000 euros. Por cada trabajo cobra, como mínimo, 214 euros, y lo habitual para un evento pequeño se sitúa en 859 euros.

En el terreno de las bodas, el presupuesto suele moverse entre 4.300 y 8.600 euros, una cifra que atribuye a la “calidad” de las flores. Y remata con una idea que explica la brecha de expectativas: "Las flores de alta calidad son muy caras. Existe una desconexión entre lo que el consumidor promedio piensa que cuestan las flores y lo que realmente cuesta".

Clientes famosos y la idea que marca su rumbo

El crecimiento también se mide por los nombres que han contado con su trabajo. Entre sus clientes aparecen Sabrina Carpenter o Katy Perry, además de otros rostros conocidos.

Aun así, el foco sigue puesto en lo que viene. La meta pasa por seguir creciendo con los años, sin perder la brújula que ha guiado todo el proceso: a veces, lo decisivo no es tener un empleo estable, sino estar a gusto con las decisiones tomadas.