miércoles. 22.05.2024

A menudo las personas se sienten atraídas por otras con las que comparten un interés, pero esa atracción puede basarse en la creencia errónea de que esos intereses compartidos reflejan una similitud más profunda y fundamental, es decir, una esencia, cuando en ocasiones no es así, según una investigación publicada por la Asociación Americana de Psicología.

"Nuestra atracción por las personas que comparten nuestros atributos se ve favorecida por la creencia de que esos atributos compartidos están impulsados por algo profundo en nosotros: la propia esencia", explica el autor principal del estudio, Charles Chu, doctor y profesor adjunto de la Escuela de Negocios Questrom de la Universidad de Boston.

En concreto, según explica el investigador, las personas se sienten atraídas por personas con las "que está de acuerdo en un tema político, comparte preferencias musicales o simplemente se ríe de lo mismo". "No solo por esas similitudes, sino porque esas similitudes sugieren algo más: esta persona es, en esencia, como yo y, como tal, comparte mis puntos de vista sobre el mundo en general", añade.

Este proceso de pensamiento está impulsado por un tipo de esencialismo psicológico que se aplica específicamente a las ideas de la gente sobre el yo y la identidad individual, según Chu, que añade que la gente "esencializa" muchas cosas -desde categorías biológicas como las especies animales hasta grupos sociales como la raza y el género- y lo hace en prácticamente todas las culturas humanas.

"Esencializar algo es definirlo mediante un conjunto de propiedades profundamente arraigadas e inmutables, o una esencia", explica Chu.

Recientemente, los investigadores han empezado a centrarse en la categoría del yo y han descubierto que, al igual que las personas esencializan otras categorías, esencializan el yo, según Chu.

"Esencializarme es definir quién soy mediante un conjunto de propiedades arraigadas e inmutables, y todos, especialmente en las sociedades occidentales, lo hacemos hasta cierto punto. Un autoesencialista creería entonces que lo que los demás pueden ver en nosotros y la forma en que nos comportamos están causados por esa esencia inmutable", afirma el autor.

Para comprender mejor cómo el autoesencialismo impulsa la atracción entre individuos, los investigadores realizaron una serie de cuatro experimentos, una investigación que ha sido publicada en la revista 'Journal of Personality and Social Psychology'.

En uno de los experimentos, se preguntó a 954 participantes su postura sobre uno de los cinco temas sociales asignados al azar (aborto, pena capital, posesión de armas, experimentación con animales o suicidio asistido por un médico). A continuación, la mitad de los participantes leyó sobre otra persona que estaba de acuerdo con su postura, mientras que la otra mitad leyó sobre una persona que no estaba de acuerdo con su postura.

Después, todos los participantes rellenaron un cuestionario sobre en qué medida creían compartir una visión general del mundo con el individuo ficticio, su nivel de atracción interpersonal hacia esa persona y sus creencias generales sobre el autoesencialismo.

Los investigadores descubrieron que los participantes con una puntuación alta en autoesencialismo eran más propensos a expresar atracción por el individuo ficticio que coincidía con su postura y a declarar que compartían con él una percepción general de la realidad.

Un experimento similar con 464 participantes obtuvo los mismos resultados para un atributo compartido tan simple como la propensión de los participantes a sobrestimar o subestimar un número de puntos de colores en una serie de diapositivas de ordenador. En otras palabras, la creencia en un yo esencial llevaba a las personas a suponer que una sola dimensión de similitud era indicativa de que veían el mundo entero de la misma manera, lo que provocaba una mayor atracción.

En otro experimento, se mostraron a 423 participantes ocho pares de cuadros y se les preguntó cuál de cada par preferían. En función de sus respuestas, se identificó a los participantes como admiradores del artista suizo-alemán Paul Klee o del pintor ruso Wassily Kandinsky. A la mitad de cada grupo de fans se les dijo que la preferencia artística formaba parte de su esencia; a la otra mitad, que no tenía ninguna relación.

A continuación, todos fueron expuestos a dos individuos hipotéticos, uno de los cuales tenía la misma preferencia artística y otro que difería. Los participantes a los que se les dijo que la preferencia artística estaba conectada con su esencia eran significativamente más propensos a expresar atracción por una persona hipotética con las mismas preferencias artísticas que aquellos a los que se les dijo que la preferencia artística no tenía nada que ver con su esencia.

Un experimento final clasificó a 449 participantes como fans de uno de los dos artistas y luego les presentó información sobre si utilizar la propia esencia era útil o no para percibir a otras personas. Esta vez, a un tercio de los participantes se les dijo que el pensamiento esencialista podía llevar a impresiones inexactas de los demás, a otro tercio se le dijo que el pensamiento esencialista podía llevar a impresiones exactas de los demás y al tercio final no se le dio ninguna información.

Tras estos experimentos, los descubrieron que los participantes a los que se les dijo que el pensamiento esencialista podía dar lugar a impresiones precisas de los demás eran más propensos a manifestar atracción y compartir la realidad con individuos hipotéticos con preferencias artísticas similares.

Chu asegura que lo que más le sorprendió fue descubrir que algo tan mínimo como una preferencia compartida por un artista llevara a la gente a percibir que otro individuo vería el mundo de la misma manera que ellos. Sin embargo, advirtió que el pensamiento esencialista puede tener sus pros y sus contras.

"Creo que siempre que hacemos juicios rápidos o primeras impresiones con muy poca información, es probable que nos veamos afectados por el razonamiento autoesencialista", afirma Chu. "Las personas son mucho más complejas de lo que solemos creer, y deberíamos ser conscientes de ello", añade.

¿Qué nos atrae de otras personas? La 'esencia' es la clave