Stevens, Andrés, Mirna y Diana: migrantes entre la burocracia y la espera en España

Varias personas hacen cola en las oficinas del padrón del Ayuntamiento de Valencia, a 20 de abril de 2026, en Valencia, Comunidad Valenciana (España).
Varias personas hacen cola en las oficinas del padrón del Ayuntamiento de Valencia, a 20 de abril de 2026, en Valencia, Comunidad Valenciana (España).

Este lunes 20 de abril, varios migrantes como Stevens, Andrés, Mirna y Diana han iniciado el proceso para regularizar su situación en España, aprovechando el primer día de atención presencial, que se realiza exclusivamente con cita previa, en unas 400 oficinas habilitadas para este fin.

Sin embargo, no todos han comenzado la tramitación formal. Muchos se han acercado a sedes de ONG o ayuntamientos para obtener información y reunir documentación necesaria, como el certificado de vulnerabilidad o el empadronamiento. En medio de la burocracia, mantienen la esperanza de que esta regularización les permita acceder a una vida mejor.

En La Rioja, Stevens, casado y padre de un hijo nacido en España, comenta que obtener la cita fue complicado debido a la saturación de las páginas web y los números de atención, pero una vez conseguido, el proceso resultó más sencillo. Este migrante, que se dedica a trabajos de mecánica y deporte, destaca la importancia de preparar bien la documentación. Tras diez meses en España, señala que el trabajo ha sido difícil sin papeles. Expresa que la regularización representa una gran esperanza, sobre todo pensando en el bienestar de su hijo.

  1. Experiencias en varias ciudades
  2. Historias de migrantes con años sin papeles

Experiencias en varias ciudades

En Madrid, Andrés Rodríguez, de 32 años y originario de Colombia, fue la primera persona en solicitar la regularización en una oficina de Correos ubicada en el barrio de Ventilla, donde el flujo fue bajo. El trámite le llevó cerca de una hora. Andrés lleva un año en España y se dedica a los negocios bursátiles. Manifiesta que tiene muchas expectativas de poder cotizar y participar activamente en la sociedad. Calificó como una alegría y un alivio el inicio del procedimiento.

En Valencia, Mirna y Diana, también colombianas, acudieron a la oficina postal ubicada en la Plaza del Ayuntamiento con todos los documentos requeridos. Mirna llegó hace un año para reunirse con su esposo, quien ya posee la nacionalidad española. Explicó que su llegada busca mejorar la calidad de vida, dado que la situación económica en su país es muy difícil. Diana, que vive en Catarroja con su hijo desde hace algo más de un año, indicó que la intención es buscar un futuro mejor para su hijo, ya que en Colombia "se sobrevive, más no se vive".

En Valencia, Marta llegó al Ayuntamiento a las seis de la mañana para hacer cola con toda la documentación excepto el certificado de vulnerabilidad. Tiene seis meses viviendo en la ciudad y es oriunda de Colombia. Expresó que, si no se acepta su solicitud, habrá que esperar para conocer el siguiente paso, pero mantiene la voluntad de avanzar.

Ruth y varios amigos esperaron desde las cinco de la mañana para ser atendidos en el Ayuntamiento. Mencionó las dificultades de la espera, como no poder desayunar ni ir al baño, y las molestias físicas por estar de pie. Respecto a los documentos, comentó que conseguirlos es complicado, apuntando que aunque ella logró el empadronamiento, otros familiares no. Señaló que muchos desean trabajar legalmente, pero existen empresas que optan por empleados sin contrato.

En Albacete, Luis Biedma, paraguayo de 46 años, fue el primero en entregar la documentación en la oficina de Correos. Comentó que fue atendido muy bien y considera que el proceso es sencillo. Destacó que la regularización le proporcionaría tranquilidad para continuar trabajando y contribuyendo al país.

Historias de migrantes con años sin papeles

En Ciudad Real, Marcela Dorado y Camilo Orozco han vivido durante siete años sin papeles, criando a sus dos hijos en Cózar, una localidad rural donde han encontrado cierta estabilidad. Durante ese tiempo, han trabajado de forma irregular en el campo, con jornadas sin contrato y sin acceso a empleos más estables fuera de la agricultura. Consideran que la regularización representa un momento decisivo para su futuro. Su objetivo es formarse y hallar un empleo con horarios compatibles para cuidar a sus hijos. Resaltan la acogida recibida en Cózar, que ha sido fundamental para salir adelante a pesar de las dificultades.

En la misma provincia, Eduardo Hurtado y Tania Yeraldine llegaron hace un año después de pasar por Madrid y Valdepeñas. Han encontrado en la agricultura su única fuente de ingresos, aunque en condiciones irregulares. Han tenido que aceptar trabajos sin contrato, ya que muchos empleadores exigen documentación para otras posiciones.

En Campillo de Altobuey (Cuenca), Diana lleva tres años viviendo y trabajando sin papeles, realizando labores internas, en bares y hogares. Aunque no ha enfrentado amenazas de expulsión, aspira a legalizar su situación. Ha intentado regularizarse antes sin éxito y actualmente enfrenta dificultades para obtener el certificado de vulnerabilidad, que no sabe cómo conseguir. No pudo ser atendida por falta de cita, pero logró contactar con Comisiones Obreras para recibir información sobre el procedimiento.

Desde Toledo, Abdilla, migrante marroquí, destacó la agilidad y facilidad del proceso en la oficina de Correos de la calle Duque de Lerma. Tras presentar la documentación, debe renovar su pasaporte y completar los trámites en Toledo. Trabaja en una finca en Talavera y espera poder estar cerca de su familia luego de varias temporadas en Marruecos.

En Valladolid, Karen, de 39 años y natural de Uruguay, acudió con su hija María Luz, de diez años. Ha trabajado cuidando ancianos y en limpieza, actividades accesibles sin papeles. Tras el inicio de la regularización extraordinaria, espera conseguirla para ella y su hija, resaltando que obtener documentos abre muchas puertas y ofrece tranquilidad.

En la misma ciudad, Daniel Solórzano, de 49 años, agradeció a quienes hicieron posible este proceso. Lleva casi dos años en Valladolid y acudió con toda la documentación para solicitar la regularización, que considera una oportunidad para trabajar y contribuir al país.

En Santander, Sofía y su hija, de 48 y 31 años respectivamente, acudieron a la oficina de Correos en la calle Calvo Sotelo. Ambas son colombianas; Sofía es enfermera y su hija administradora. Sofía destacó la importancia de regularizarse, tanto para su desarrollo profesional como personal, y dijo que su objetivo es ejercer en su profesión.

Finalmente, en Zaragoza, Humberto Herrera, venezolano, fue el primero en presentar su solicitud. Se preparó para evitar filas y destacó que este trámite abre caminos hacia un futuro mejor. Cree que la regularización le brindará integración y tranquilidad.