El Papa pide paz y justicia al iniciar Semana de Oración por la Unidad
El Papa León XIV ha saludado este domingo el inicio de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y ha vinculado esta cita con una llamada a reforzar la unidad entre los creyentes, así como el compromiso con la paz y la justicia a escala global.
El mensaje fue pronunciado tras el rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, en un contexto en el que el Pontífice pidió intensificar la oración para alcanzar una unidad visible entre todos los cristianos.
Además de ese llamamiento eclesial, el Papa dedicó un apartado a distintas crisis humanitarias y a una reflexión bíblica centrada en el reconocimiento de Jesús por parte de Juan el Bautista.
- Semana de oración y compromiso social
- Preocupación por la RDC del Congo y África meridional
- Evangelio de Juan y el testimonio del Bautista
- Alegría sin sucedáneos de felicidad
Semana de oración y compromiso social
León XIV invitó a las comunidades católicas a fortalecer la oración durante estos días con el objetivo de avanzar hacia la plena unidad de los cristianos. En su intervención, subrayó que este esfuerzo espiritual debe ir acompañado por una dedicación concreta a la paz y la justicia en el mundo.
Preocupación por la RDC del Congo y África meridional
El Pontífice recordó las graves dificultades que atraviesa la población del este de la República Democrática del Congo, donde la violencia ha forzado a numerosas personas a abandonar el país, especialmente con destino a Burundi, en un escenario descrito como una crisis humanitaria de gran alcance.
En este marco, pidió oraciones para que en los enfrentamientos prevalezcan el diálogo, la reconciliación y la búsqueda de soluciones. También manifestó cercanía espiritual con las víctimas de las inundaciones registradas en África meridional.
Evangelio de Juan y el testimonio del Bautista
Durante la reflexión dominical, León XIV se apoyó en el pasaje del Evangelio de Juan proclamado en la liturgia, en el que Juan el Bautista identifica a Jesús como el Cordero de Dios y el Mesías. Según expuso, para el Bautista habría resultado sencillo capitalizar su notoriedad, dado el aprecio de las multitudes y el recelo que despertaba en las autoridades de Jerusalén.
Sin embargo, el Papa destacó que Juan el Bautista no se deja arrastrar por la lógica del éxito: ante Jesús, reconoce su propia pequeñez, otorga espacio a la grandeza del Señor y asume su misión de preparar el camino. Cuando el Señor se manifiesta, Juan lo acoge con alegría y humildad y pasa a un segundo plano, un testimonio que el Obispo de Roma consideró especialmente relevante en el presente.
Alegría sin sucedáneos de felicidad
En la parte final, León XIV advirtió sobre los sucedáneos de la felicidad y señaló que la alegría y la verdadera grandeza no descansan en éxitos fugaces ni en la fama. En su lugar, situó el fundamento en saberse amados y queridos por el Padre que está en los cielos.