La posible clausura del estrecho de Ormuz podría provocar una crisis global

Archivo - Campo de trigo, a 17 de junio de 2024, en Albacete, Castilla-La Mancha (España). La Unión de Pequeños Agricultores (UPA), solicita que se declare la provincia de Albacete como zona desfavorecida para que tanto agricultores como ganaderos de la z
Archivo - Campo de trigo, a 17 de junio de 2024, en Albacete, Castilla-La Mancha (España). La Unión de Pequeños Agricultores (UPA), solicita que se declare la provincia de Albacete como zona desfavorecida para que tanto agricultores como ganaderos de la z

El cierre del estrecho de Ormuz no debe considerarse únicamente una interrupción temporal en el transporte marítimo, sino el inicio de una crisis sistémica en el sector agroalimentario que podría provocar incrementos significativos en los precios de los alimentos en un periodo de seis a doce meses, según advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La organización señala que las repercusiones de esta situación ya son evidentes. Su Índice de Precios de los Alimentos, que mide las variaciones mensuales de los precios internacionales de una cesta representativa de productos alimenticios, registró un aumento por tercer mes consecutivo en abril. Esto se vincula principalmente a los altos costos energéticos y a las perturbaciones asociadas con el conflicto en Oriente Próximo.

La FAO explica que esta crisis se desarrolla en distintas fases: comienza con la energía, seguida por el incremento en fertilizantes, semillas, una reducción en los rendimientos agrícolas, alzas en los precios de los productos básicos y, finalmente, una inflación alimentaria generalizada. Añade que la situación podría agravarse con el fenómeno de 'El Niño', que se espera provoque sequías y cambios en los patrones climáticos en varias regiones.

  1. Impacto y desarrollo de la crisis
  2. Medidas inmediatas para contrarrestar la crisis
  3. Estrategias a medio y largo plazo

Impacto y desarrollo de la crisis

Para evitar los efectos más severos de esta crisis, la FAO destaca la urgencia de establecer rutas comerciales alternativas, tanto terrestres como marítimas, así como la necesidad de moderar las restricciones a las exportaciones. También subraya la importancia de proteger los flujos humanitarios y crear reservas que ayuden a mitigar los aumentos en los costos de transporte.

Máximo Torero, economista jefe de la FAO, apunta que es momento de "analizar seriamente cómo incrementar la capacidad de absorción y la resiliencia de los países frente a este bloqueo, con la finalidad de minimizar los impactos negativos".

Además, Torero enfatiza la necesidad de la cooperación entre gobiernos, organizaciones financieras internacionales, sector privado, agencias de la ONU y centros de investigación para fortalecer la respuesta ante la crisis actual.

Medidas inmediatas para contrarrestar la crisis

En respuesta directa a la situación, la FAO recomienda asegurar urgentemente corredores alternativos para el transporte terrestre y marítimo. Aunque esta acción no resolverá por completo la crisis de suministro, permitirá reducirla de manera parcial.

Se insiste en evitar imponer restricciones a la exportación, principalmente de energía, fertilizantes e insumos agrícolas, y en asegurar que la ayuda alimentaria quede exenta de dichas limitaciones comerciales. Además, se promueve la práctica de cultivo intercalado, combinando cereales y leguminosas, para disminuir la dependencia de fertilizantes nitrogenados y se recomienda activar programas de protección social dirigidos a los sectores más vulnerables.

La FAO advierte contra el uso de subsidios masivos, que tienden a generar problemas fiscales y afectan de manera regresiva, por lo que sugiere enfocar el apoyo específicamente hacia quienes lo necesitan, mediante registros digitales que orienten eficazmente la asistencia a hogares rurales vulnerables y pequeños agricultores, especialmente en África.

Estrategias a medio y largo plazo

En cuanto a medidas a medio plazo, la FAO recomienda limitar el aumento del uso de biocombustibles en periodos de escasez para evitar la competencia entre alimentos y combustibles. También hace un llamado a que las políticas energéticas no intensifiquen la crisis alimentaria y a facilitar el acceso a créditos asequibles para agricultores, apoyando a pymes, microempresas y actores clave de la cadena de valor.

A largo plazo, se apuesta por diversificar puertos, corredores logísticos y sistemas de almacenamiento a nivel mundial. El objetivo es reducir riesgos de cuellos de botella y fomentar el desarrollo de reservas regionales para mejorar la capacidad de respuesta frente a futuros impactos.

Además, se plantea mejorar la resiliencia de los sistemas de transporte nacionales e internacionales y utilizar financiamiento adaptado para acelerar la transición hacia una matriz energética diversificada. Esto incluye expandir el uso de riego eléctrico y solar, sustituyendo el diésel en sistemas agrícolas.

Finalmente, la FAO propone promover la maquinaria electrificada, drones y tecnologías de agricultura de precisión. Se busca mejorar la eficiencia aplicando técnicas como el mapeo de suelos para disminuir el desperdicio de fertilizantes, y desarrollar fondos de innovación para impulsar el amoníaco verde, bioestimulantes, genética de cultivos y tecnologías de optimización nutricional.