El consumo de alcohol durante el embarazo y lactancia afecta cerebro y corazón

Dina Medina-Vera, actualmente investigadora en el Karolinska Institutet (Suecia),
Dina Medina-Vera, actualmente investigadora en el Karolinska Institutet (Suecia),

El consumo de alcohol durante el embarazo y la fase de lactancia representa un problema de salud pública con consecuencias graves para el desarrollo del feto y el neonato.

Los efectos neurológicos en el trastorno del espectro alcohólico fetal son bien conocidos, sin embargo, una reciente investigación liderada por Francisco Javier Pavón y Olga Valverde ha profundizado en cómo la exposición prenatal al alcohol afecta también la respuesta al estrés y la salud cardiovascular en la edad adulta. Este estudio cuenta con la participación de miembros del Cibercv y la Riapad, entre ellos Manuel Jiménez-Navarro, Fernando Rodríguez de Fonseca y Antonia Serrano.

Publicada en la revista Brain, Behavior, and Immunity, la investigación utiliza un modelo experimental en ratones y sugiere que el consumo de alcohol durante la etapa perinatal puede generar en la descendencia alteraciones vinculadas a la ansiedad, la respuesta al estrés, inflamación y signos relacionados con un riesgo cardiovascular en la vida adulta.

  1. Fractalquina como puente entre cerebro y corazón
  2. Diferencias según sexo en los efectos del alcohol prenatal
  3. Patrón de consumo binge y su impacto en salud
  4. Mensaje clave: prevención y cautela

Fractalquina como puente entre cerebro y corazón

El estudio se centra en el eje CX3CL1/CX3CR1, donde la fractalquina y su receptor podrían funcionar como un vínculo entre la respuesta al estrés y las señales inflamatorias periféricas relacionadas con el riesgo vascular.

Francisco Javier Pavón, coinvestigador y responsable del grupo de Cardiología y Cirugía Cardiovascular en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria, destaca que la fractalquina podría actuar como una señal integradora en la comunicación cerebro-corazón. Esta vía se investiga con el objetivo de comprender mejor cómo la vulnerabilidad al estrés, los trastornos mentales y las alteraciones cardiovasculares pueden estar interconectados y cuál es su potencial como marcador biológico.

Diferencias según sexo en los efectos del alcohol prenatal

Seguir un mismo protocolo de exposición al alcohol a través de las madres mostró respuestas distintas en machos y hembras adultos. En las hembras se observó un aumento significativo en los niveles de ansiedad, junto con una elevación de la fractalquina en plasma y mayor presencia de su receptor en el corazón.

Esto indica una mayor susceptibilidad en las hembras para desarrollar desórdenes emocionales y hormonales tras la exposición temprana al alcohol.

En contraposición, los machos no presentaron cambios evidentes en comportamiento de ansiedad, pero sí mostraron remodelado cardiovascular prematuro, evidenciado por alteraciones en la estructura del tejido cardíaco y un riesgo de daño vascular incluso sin síntomas visibles.

Dina Medina-Vera, primera firmante, señala que estas diferencias resaltan la necesidad de considerar la perspectiva de sexo para entender mejor y prevenir los efectos secundarios del consumo temprano de alcohol.

Patrón de consumo binge y su impacto en salud

El modelo experimental utilizado replica un patrón de consumo tipo binge, parecido al conocido como “botellón”, caracterizado por ingestas intensas y cortas de alcohol. Este patrón, común en jóvenes, se asocia con un mayor riesgo de adicción y problemas de salud mental.

El estudio enfatiza que si este patrón se presenta en mujeres en edad reproductiva, puede afectar no solo su salud, sino también la de su descendencia, si coincide con la gestación o lactancia.

Mensaje clave: prevención y cautela

Este trabajo refuerza el mensaje sanitario de evitar el consumo de alcohol durante el embarazo y lactancia como medida fundamental de prevención.

Se observa que la exposición temprana al alcohol puede dejar huellas biológicas duraderas relacionadas con la conducta, el estrés y la inflamación, que a su vez podrían aumentar la vulnerabilidad cardiovascular, con diferencias notorias entre sexos.

Los autores aclaran que, aunque se trata de un modelo preclínico en ratones y los resultados brindan pistas valiosas, es necesaria mayor investigación para confirmar su aplicabilidad en humanos y explorar si las vías estudiadas pueden servir para propósitos clínicos.