La depresión, una enfermedad en aumento que puede afectar a cualquier edad
Más información y menos prejuicios: hablar del tema y acudir a un profesional puede acelerar el diagnóstico, clave para detectarlo a tiempo
La depresión no es un bajón puntual. Es un trastorno mental que puede cambiar por completo la vida personal, social, familiar y laboral de quien lo sufre. Y sigue pasando demasiado desapercibida por el silencio y el estigma.
El doctor José Ángel Alcalá, jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén, insiste en un mensaje clave: se trata de una enfermedad real, con base biológica, psicológica y social, que afecta al cerebro y también al cuerpo.
Con el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se celebra mañana, el especialista llama a romper el tabú, a normalizar la ayuda profesional y a actuar sin demora: abordada de forma adecuada y personalizada, la depresión puede tratarse.
- Una enfermedad real que va más allá de la tristeza
- Señales más comunes y síntomas que también son físicos
- A quién afecta más y por qué se origina
- Cómo se diagnostica y qué tratamiento se plantea
Una enfermedad real que va más allá de la tristeza
La depresión se diferencia de la tristeza pasajera por su persistencia y por el impacto directo en la rutina. Según el doctor José Ángel Alcalá, puede describirse como un trastorno mental en el que se mantiene una tristeza continua, se pierde el interés o el placer por actividades antes gratificantes y aparecen síntomas que duran, al menos, dos semanas y complican el día a día.
El aviso llega también desde las cifras globales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2030 la depresión estará entre las tres primeras causas de enfermedad, discapacidad y costes sanitarios en todo el mundo. Puede aparecer a cualquier edad, aunque el especialista subraya que “es más frecuente que se inicie en la adolescencia o entre los 30 y los 50 años”.
Señales más comunes y síntomas que también son físicos
Hay señales que se repiten con frecuencia y conviene no minimizar. Entre las manifestaciones habituales figuran el estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, el cansancio constante, cambios en el sueño y en el apetito, y problemas para concentrarse o tomar decisiones. También pueden aparecer sentimientos de inutilidad o de culpa.
En los cuadros más graves, pueden surgir pensamientos de muerte o suicidio. Además, no siempre se presenta solo como un problema emocional: la depresión puede expresarse con síntomas físicos, como dolores corporales inespecíficos o molestias digestivas. Ignorar estas señales retrasa la ayuda y empeora el impacto.
A quién afecta más y por qué se origina
La depresión afecta aproximadamente 1,5 veces más a las mujeres que a los hombres. Esta diferencia empieza a observarse desde la adolescencia y, según se indica, podría relacionarse con factores hormonales.
Sobre el origen, el doctor Alcalá apunta a un enfoque claro: no hay una sola causa. Se trata de un problema multifactorial, fruto de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. En esa combinación entran la predisposición genética, determinados estilos de pensamiento y la exposición a situaciones de estrés prolongado.
Cómo se diagnostica y qué tratamiento se plantea
El diagnóstico es fundamentalmente clínico. Se apoya en una entrevista detallada con el paciente y, cuando procede, con su entorno cercano. Para ello se siguen criterios de clasificaciones internacionales como la CIE-11 o el DSM-V, con el objetivo de delimitar síntomas, duración e impacto funcional.
En determinadas situaciones, la evaluación puede completarse con exploración física y analíticas para descartar otras causas médicas. Y, una vez identificado el problema, el abordaje debe ajustarse al caso: “debe adaptarse a cada persona, teniendo en cuenta la gravedad de los síntomas, las guías clínicas y la decisión informada del paciente”. El mensaje final es directo y urgente: “tiene tratamiento y pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia”.