Estrés y ansiedad duplican el consumo de azúcar en la población española
Los hábitos alimentarios no dependen solo del hambre o de costumbres previas; las emociones también juegan un papel fundamental en nuestras elecciones de comida, sobre todo cuando se atraviesan etapas de estrés prolongado, fatiga mental o ansiedad constante. En éstas circunstancias, es común que se busquen alimentos que proporcionen una sensación rápida de confort o recompensa, como los dulces o snacks que se consumen entre comidas.
Esta conducta es frecuente entre quienes enfrentan malestar emocional de manera continua. Según el Estudio Sanitas de la Salud Bucodental 2026, un 72,1% de las personas con niveles elevados de estrés admite recurrir a productos azucarados o picoteo entre horas para calmar su estado emocional, mientras que este porcentaje baja a un 36% en quienes presentan niveles bajos de estrés.
"Recurrir a alimentos dulces o picoteo entre horas es una respuesta emocional automática al estrés y a estados de ánimo negativos, para muchas personas. El azúcar activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina y generando una sensación temporal de alivio. Por eso, bajo presión, o malestar psicológico, se tiende a buscar estos alimentos como una forma rápida de reforzamiento positivo para manejar esas emociones displacenteras", comenta Soraya Bajat, jefa de servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja y del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
- Ansiedad y hambre: cómo influyen en la alimentación
- Consecuencias para la salud bucodental
- Recomendaciones para una alimentación saludable bajo estrés
Ansiedad y hambre: cómo influyen en la alimentación
La ansiedad puede modificar la percepción del hambre y la sensación de saciedad. Para algunas personas, comer se vuelve un acto automático mientras trabajan o estudian, y para otras implica pasar muchas horas sin ingerir alimentos, para luego consumir grandes cantidades al final del día. Además, la fatiga mental mantenida favorece una alimentación más impulsiva, con una marcada inclinación hacia productos ultraprocesados.
Este tipo de conductas afectan tanto al metabolismo como a la forma en que se relaciona la persona con la comida, generando patrones poco saludables que pueden perpetuarse en el tiempo y dificultan una gestión adecuada del estrés a través del control alimentario.
Consecuencias para la salud bucodental
El consumo frecuente de azúcar a lo largo del día no solo impacta en el metabolismo, sino que también puede dañar la salud bucodental. Las bacterias que habitan en la boca utilizan estos azúcares para producir ácidos que atacan el esmalte dental. Cuando el picoteo es constante, la boca permanece más tiempo en un estado ácido, lo cual dificulta la recuperación natural del esmalte.
"Durante los picos de estrés la boca se convierte en un entorno mucho más ácido y favorable para la proliferación de bacterias que causan caries, lo que refuerza la relación entre el bienestar emocional y el cuidado de la salud oral", advierte Lorena Trinidad, odontóloga y miembro del equipo de Innovación Clínica y Calidad Asistencial de Sanitas Dental.
Recomendaciones para una alimentación saludable bajo estrés
Ante esta realidad, los especialistas de Sanitas sugieren algunas medidas para aminorar el impacto del estrés en los hábitos alimenticios:
• Organizar las comidas principales: mantener horarios regulares ayuda a evitar largos períodos de ayuno que suelen aumentar la impulsividad alimentaria y el anhelo de azúcares al final del día.
• Prestar atención durante las comidas: es fundamental respetar las horas destinadas a comer evitando distracciones como trabajar o usar el teléfono. Realizar actividades simultáneas fomenta comer en exceso debido a la rapidez y la dificultad para identificar el momento de saciedad.
• Escoger alimentos más saciantes: incluir legumbres, frutos secos, huevos o proteínas de alta calidad contribuye a mantener energía estable y reduce la necesidad de picotear fuera de las comidas.
• Cuidar el descanso nocturno: dormir las horas adecuadas influye directamente en la regulación del apetito y en la capacidad para manejar el estrés diario.
• Reconocer el hambre emocional: distinguir si el deseo de comer responde al cansancio, ansiedad o aburrimiento facilita diferenciar entre hambre física y la necesidad emocional de aliviar malestar.