viernes 3/12/21

"Hacer un órgano es como un Lego, solo que en vez de piezas usamos células" Pedro Baptista

  • El investigador ha presentado los avances en la XVII Reunión Nacional de Coordinadores de Trasplante
  • Para crear un hígado artificial se multiplican células del propio paciente
  • Baptista calcula que en cinco años se podría hacer el primer trasplante de un órgano artificial en un animal

<p> Pedro Baptista, investigador ARAID en el grupo ‘Investigación traslacional en patología digestiva’ del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón), y secretario general de la Asociación Europea de Órganos Artificiales </p>
<p> Pedro Baptista, investigador ARAID en el grupo ‘Investigación traslacional en patología digestiva’ del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón), y secretario general de la Asociación Europea de Órganos Artificiales </p>

A la cabeza mundial en donaciones de órganos, con logros como trasplantar corazones que se han parado, o manteniendo vivos los tejidos con dispositivos ECMO, donaciones de pacientes con covid, con enfermedades neurodegenerativas como la ELA. España además cuenta con un experto en creación de órganos artificiales, quien es capaz de constuir estos órganos de tal forma que sean siempre biocompatibles.

Esta persona es Pedro Baptista, investigador en la Fundación Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (ARAID), del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón. Pertenece a un equipo internacional de científicos que trabaja con organoides de hígado, y que ha logrado multiplicar la generación de células para aumentar las posibilidades de tratamientos para enfermedades hepáticas. 

Tras la XVII Reunión Nacional de Coordinadores de Transplantes de Zaragoza, os traemos una entrevista hecha por NIUS sobre cómo se hace un órgano y cuánto queda para ver hígados, o riñones artificiales en un humano. 

Pregunta. ¿Cuánto de ciencia ficción y cuánto de realidad hay en los trasplantes de órganos artificiales?

Respuesta. Es el futuro, uno mucho más seguro que otros tipos de trasplantes como el de órganos de animales. Recientemente en Estados Unidos se ha conseguido implantar un riñón de cerdo en un humano. Para esto se han retirado todas las proteínas y células que pueden causar rechazo en el receptor. Pero no sabemos qué pasará ante una infección, o con los años. El organismo, aunque se le administren inmunosupresores -unos fármacos que inhiben el sistema inmunitario para minimizar las posibilidades de rechazo- puede terminar identificando ese riñón como un elemento extraño del que debe defenderse, y rechazarlo.

Nuestra investigación no solamente eliminaría ese problema, sino que no obligaría a las personas trasplantadas a tomar inmunosupresores de por vida. Porque, al fin y al cabo, lo que le estaríamos trasplantando es su propio órgano. O, mejor dicho, una copia de él. 

Y esto está cada vez más cerca. Necesitamos muchos recursos para que la investigación siga avanzando, ya que en un trasplante intervienen muchos profesionales y en la creación de un órgano artificial también, es un trabajo multidisciplinar. Pero si seguimos aunando esfuerzos en el consorcio internacional podríamos tener el primer hígado artificial de cerdo trasplantado en cinco años. Y en otros diez, el primero en un humano.

P. ¿Cómo se fabrica un órgano artificial?

R. No es tan difícil de explicar como pudiera pensarse. Lo que hacemos es coger un hígado de un ser humano que pueda ser similar al de la persona que lo necesita. Le extraemos todas sus células y nos quedamos con el esqueleto del hígado, la estructura.

Luego, mediante una biopsia, obtenemos células madre y células de su propio hígado. Lo que hacemos es multiplicarlas, expandirlas a gran escala. Y volvemos a montarlas creando un hígado, que implantaremos en el paciente. Es como un Lego, solo que en vez de piezas usamos células, y no tenemos instrucciones que seguir.

P. ¿Qué avances se han conseguido en este campo?

R. Nosotros hemos conseguido multiplicar células madre de hígado adultas a gran escala. La novedad de la investigación reside en la expansión de células en suspensión en un medio de cultivo en un biorreactor, que, al poder moverse libremente, forman estructuras y proliferan en una cantidad mucho mayor. Hasta ahora, para lograr este resultado, las células madre de los organoides se introducían en un gel, pero el proceso era mucho más lento y laborioso.

Esto es importante no solamente para crear un órgano artificial, sino porque permite que, en un futuro, podamos inyectarle al propio paciente sus células para poder tratarlo de una enfermedad hepática, ya sea cirrosis o enfermedades autoinmunes. Y nos pueden servir para investigar tratamientos: podemos generar millones de organoides, congelarlos y hacer cribados con medicamentos potenciales para tratar una misma enfermedad. 

Hasta ahora se han creado artificialmente piel, que está dando muchos resultados, la vejiga o un tubo como un vaso sanguíneo o una uretra, son más sencillos que un órgano como un hígado. Con dos o tres tipos celulares puedes hacerlos. Eso no pasa con los órganos sólidos. Que tienen mucha más variedad de células y muchísima más cantidad, millares de millones de células. Esta complejidad nos está haciendo alargarnos en el tiempo. Para un vaso sanguíneo necesitas cincuenta millones de células, pero para un hígado de cerdo son diez mil millones de células. 

Ahora mismo los órganos que nosotros hemos desarrollado generan trombosis. El árbol vascular no es completamente funcional y producen esos coágulos. Así que ahora estamos trabajando en las conexiones vasculares más que en el órgano así, porque necesitamos que el órgano conecte con el cuerpo y que aguante la presión de la sangre... Esto lo estamos consiguiendo, y empezaremos a trasplantar en enero. 

Pedro Baptista ha decidido centrar su proyecto en las conexiones vasculares de los órganos artificiales, en el árbol vascular  funcional que permita el trasplante. En ello se afanan los ocho científicos que trabajan con él. Un número muy exiguo para lo que podría ser el futuro de los trasplantes.