La familia de Noelia Castillo permaneció junto a ella una hora más de lo previsto
Noelia Castillo decidió hace dos años y medio recurrir a la eutanasia para acabar con un sufrimiento que no podía soportar más. La justicia europea dio luz verde a su petición, a pesar de la oposición de su familia y de algunos jueces. La joven siguió firme en su determinación, buscando una salida a un dolor que le hacía imposible seguir adelante.
El departamento de Sanidad de la Generalitat anunció la muerte de Noelia, de 25 años, el pasado jueves por la tarde. Su despedida se prolongó más de lo habitual, ya que la propia Noelia solicitó pasar una hora extra junto a sus familiares para despedirse con calma.
En un hospital de Barcelona, Noelia pasó sus últimos minutos en una habitación donde sólo estuvo acompañada por el personal médico, tal y como ella había pedido. El procedimiento, que no duró más de 15 minutos, le permitió "por fin descansar de los dolores y lo que le atormentaba en la cabeza", según declaró en su momento a los medios.
Durante ese corto tiempo, su padre, madre, abuela y tías permanecieron en el hospital pero no entraron en la habitación. Su mejor amiga tampoco pudo acceder, ya que varios agentes de seguridad le impidieron la entrada. Noelia quiso que ella estuviera presente para "convencerla de que no lo haga", pero no fue posible.
Familia y despedida
La propia Noelia pidió explícitamente que ni su familia ni sus amigos estuvieran presentes durante la administración de la eutanasia. "No quiero que me vean cerrar los ojos", aseguró. A lo largo de todo este proceso, los familiares mantuvieron un duro y prolongado debate intentando hacerle cambiar de opinión para que optara por seguir viviendo.
El abogado del padre calificó el caso como "un verdadero fracaso para la sociedad", una situación dolorosa tanto para la familia como para la joven. Aunque no estuvieron en la habitación, su familia permaneció junto a Noelia hasta media hora antes de que comenzara el procedimiento.
La dificultad de la aceptación
Este caso fue analizado por decenas de expertos y profesionales, quienes confirmaron que Noelia se encontraba en pleno uso de sus facultades y que, debido a su sufrimiento, tenía el derecho a recibir una muerte digna, tal como ella había solicitado.
Así terminó un proceso marcado por la firmeza de una joven en busca del fin a su dolor, frente a las dificultades familiares y legales que no lograron detener su decisión.