En Barakaldo, Juan Enrique pide ascensor; sus vecinos se lo niegan: 86 escalones

La vida de Juan Enrique Pastor dio un giro brusco tras un accidente laboral. Hoy, con 57 años, el vecino vizcaíno afronta una rutina marcada por el dolor, la falta de movilidad y una barrera diaria que no perdona: vivir en un sexto piso sin ascensor.

El contraste lo resume con dos imágenes que golpean. Pasó de “andar como los gatos por los tejados, durante 25 años” a tener que subir a casa “como los cangrejos, de culo y llevándome todos los pelos de los perros pegados”. Y lo peor, denuncia, es sentirse atrapado en su propia vivienda.

En su portal, en el barrio de Cruces (Barakaldo), la instalación del elevador sigue bloqueada. Los números no le salen: solo cinco de los 12 vecinos han dicho sí, y para aprobar la obra hace falta “la mitad más uno”. Mientras, él insiste en que esto ya no va de comodidad, sino de derechos.

  1. Del accidente a la cojera permanente
  2. Un sexto sin ascensor y una vida cuesta arriba
  3. Cruces: otro no en la reunión del 24 de noviembre
  4. Mudarse no cuadra y la petición de cambiar la ley

Del accidente a la cojera permanente

El punto de inflexión llegó el fatídico 26 de junio de 2023. Ese día, un mal resbalón en un tejado mientras trabajaba le provocó la rotura del peroné. Desde entonces, el camino ha sido largo y, según explica, lleno de obstáculos médicos.

Después del accidente se encadenaron diagnósticos erróneos y una mala praxis, además de 326 sesiones de rehabilitación. El resultado final fue una cojera permanente que le impide regresar al tajo. En marzo de 2025 llegó el reconocimiento oficial: la incapacidad total.

El impacto también se ha notado en lo físico y en lo emocional. Él mismo lo resume así: "engordé 40 kilos aunque ya he logrado bajar 17" y en su salud mental, "estoy en tratamiento psicológico".

Un sexto sin ascensor y una vida cuesta arriba

Pero si el accidente cambió su cuerpo, la vivienda ha terminado por convertir el día a día en una carrera imposible. Subir y bajar los 86 escalones que separan la calle de su casa ha transformado su vida, hasta el punto de calificarla como “un infierno”.

El bloqueo no está en el espacio, sino en la comunidad. Sus vecinos, “de toda la vida”, rechazan instalar el elevador. En la última votación, solo cinco de los 12 apoyaron la propuesta, y él recuerda el requisito que lo frena todo: hace falta “la mitad más uno”.

El desencuentro viene de lejos. Cuenta que, incluso para medidas simples, la respuesta ha sido fría. Pone un ejemplo directo: cuando su mujer pidió un sensor de luz para evitar que se apagara a mitad de escalera, le soltaron que ‘la pared no estaba tan lejos para pulsar el interruptor’.

Cruces: otro no en la reunión del 24 de noviembre

El 24 de noviembre, los residentes del portal volvieron a reunirse en Cruces (Barakaldo). Juan Enrique regresó a la mesa con la misma petición: el ascensor como llave para recuperar autonomía. La respuesta, otra vez, fue la misma: no.

Mientras la decisión se alarga, el encierro se agrava. Él lo explica con una frase que retrata la urgencia: “ahora mismo llevo cinco días seguidos sin salir a la calle”. No lo presenta como un drama ajeno, sino como una alerta que puede tocarle a cualquiera.

La situación también deja huella emocional. Juan Enrique reconoce que “ha llorado muchas veces” por la “impotencia”, y remarca el mensaje que quiere poner sobre la mesa: “le puede pasar a cualquiera”.

Mudarse no cuadra y la petición de cambiar la ley

En medio del bloqueo, la opción de cambiar de casa ha estado sobre la mesa más de una vez. Sin embargo, el plan no sale. Según explica la familia, el intento ha sido real: “Me he recorrido cinco bancos”, pero el cálculo final cierra la puerta: “ni vendiendo esta, nos da para comprar otra”.

Ante ese escenario, el foco pasa del edificio a la normativa. Juan Enrique insiste en que no se trata de pedir favores:

y también recalca que no pide " solidaridad a mis vecinos” sino que reclama “un cambio de leyes para que en casos como el mío no sea necesario el respaldo de la mitad más uno de los vecinos para instalar un elevador”.

 

Su demanda apunta a un objetivo concreto: “un cambio en las leyes” para que personas en su situación "no tengan la primera barrera arquitectónica nada más abrir la puerta de su casa". Y, pese al desgaste, mantiene la idea de seguir peleando.