Crean chip de memoria resistente a 700 grados gracias a un inesperado hallazgo
El calor ha sido durante mucho tiempo el mayor enemigo de los circuitos electrónicos. Más allá de cierta temperatura, los átomos metálicos de los electrodos migran a través de las capas cerámicas, formando puentes conductores que generan cortocircuitos irreversibles. Este problema ha limitado por décadas la aplicación de dispositivos de memoria en ambientes donde la temperatura supera los 300 grados centígrados.
Ahora, esa barrera ha sido superada. Un equipo de investigadores ha logrado que un memristor nanoscópico —un componente capaz de almacenar datos y realizar cálculos simultáneamente— funcione sin degradarse a 700 °C, temperatura que supera incluso la de la superficie de Venus. Este dispositivo mantuvo la información durante más de 50 horas bajo esas condiciones, realizó más de mil millones de ciclos de lectura y escritura, y operó con solo 1,5 voltios a velocidades de nanosegundos.
Lo sorprendente es cómo se llegó a ello. Joshua Yang, catedrático en ingeniería eléctrica en la Universidad del Sur de California (USC) y líder del proyecto, admite que el hallazgo fue inesperado: el equipo experimentaba con distintas combinaciones de materiales sin esperar resultados excepcionales y se topó con un descubrimiento único.
Grafeno detiene la migración atómica
Un estudio publicado en Science el 26 de marzo de 2026 revela que la clave del memristor está en su estructura tricapa. En la parte superior se encuentra un electrodo de tungsteno, el metal con el punto de fusión más alto según la tabla periódica. En el centro, una fina capa de óxido de hafnio, un material cerámico habitual en la industria de semiconductores. Y en la base, una delgada lámina de grafeno de apenas un átomo de grosor.
El grafeno actúa como una barrera eficaz. Los átomos de tungsteno, que tienden a migrar hacia abajo por el calor, no encuentran puntos de anclaje en la superficie del carbono monoatómico. De esta forma, se dispersan en vez de formar puentes conductores, un fenómeno similar a lo que ocurre cuando se mezcla aceite con agua. Este proceso fue validado con microscopía electrónica avanzada, espectroscopía y simulaciones cuánticas.
La presencia de tungsteno, óxido de hafnio y grafeno en la fabricación industrial de chips es especialmente relevante. TSMC y Samsung ya usan tungsteno y óxido de hafnio en sus líneas de producción, mientras que el grafeno se produce a escala de oblea en laboratorios de investigación. Ambas compañías trabajan para integrar este material en sus procesos comerciales. Aunque la fabricación masiva aún no es una realidad debido a que los prototipos actuales se fabrican a mano, el desarrollo no dependerá de crear nuevos materiales.
De Venus a aplicaciones tecnológicas extremas
¿Para qué sirve un chip capaz de resistir hasta 700 grados? La superficie de Venus, con una temperatura aproximada de 500 °C, es un entorno prohibitivo para cualquier tecnología convencional. De modo similar, reactores nucleares y de fusión, sistemas de energía geotérmica o la electrónica interna de automóviles trabajan en condiciones donde el calor deteriora constantemente los semiconductores. En estos escenarios, la resistencia térmica puede decidir si un dispositivo funciona o queda obsoleto.
Sin embargo, el impacto más inmediato de este avance podría darse en la inteligencia artificial. Los memristores no solo almacenan datos, también realizan cálculos usando la ley de Ohm para multiplicar matrices casi instantáneamente, consumiendo mucha menos energía que los chips tradicionales. Según Yang, más del 92 % de la computación en sistemas como ChatGPT requiere este tipo de operaciones. La empresa TetraMem, fundada por el propio Yang y otros coautores del estudio, ya utiliza memristores a temperatura ambiente para tareas de aprendizaje automático.
No obstante, el desarrollo de un ordenador completo basado en memristores que soporten altas temperaturas aún enfrenta retos. Faltan circuitos lógicos, sistemas de interconexión y la industrialización de la producción. Pero la barrera térmica que impedía la electrónica fiable en ambientes extremos ha caído, fruto de un hallazgo fortuito que promete revolucionar el mundo tecnológico.