Mantener la función cognitiva requiere vida intelectual y habilidades emocionales adecuadas

Mantener la función cognitiva requiere vida intelectual y habilidades emocionales adecuadas
  1. La mente activa, un escudo contra el avance del tiempo
  2. Memoria de trabajo y emociones en la edad adulta

La mente activa, un escudo contra el avance del tiempo

Vivir con una mente activa y estimulante es clave para preservar habilidades cognitivas en la tercera edad. Así lo confirman dos investigaciones recientes de la Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados (SISSA) en Trieste, Italia, que ponen de manifiesto cómo mantener el cerebro en forma protege funciones que van desde el lenguaje hasta la memoria de trabajo.

Estos estudios, publicados en las revistas 'Neuropsychology' y 'Brain Sciences', evaluaron a personas mayores de 65 años en distintas pruebas cognitivas. El objetivo fue identificar qué factores son fundamentales para conservar el rendimiento mental conforme se envejece, revelando el importante papel de la reserva cognitiva y la inteligencia emocional en este proceso.

La reserva cognitiva se entiende como el capital mental acumulado a lo largo de la vida mediante la educación, el trabajo y actividades intelectuales estimulantes. Según los resultados, los adultos mayores con mayor reserva logran mantener habilidades lingüísticas en niveles similares a los de personas mucho más jóvenes.

“En nuestros experimentos, nos centramos en lo que ocurre durante los primeros 10 segundos de una tarea de fluidez verbal, cuando las personas buscan las palabras adecuadas para expresar sus ideas”, comenta Elisabetta Pisanu, principal autora del estudio. En ese breve lapso se detectó un declive en el rendimiento de los mayores de 65 años, pero esta caída se reduce o desaparece en quienes poseen alta reserva cognitiva.

El equipo liderado por Pisanu y Stefania Lucia destaca que “la reserva cognitiva ayuda a mantener el cerebro ‘joven’, al menos en lo que respecta al lenguaje y la recuperación de palabras”. Además, observan que la facilidad para recordar términos está influida por las emociones: las palabras vinculadas a sentimientos positivos se retienen con más facilidad que aquellas ligadas a emociones negativas.

Memoria de trabajo y emociones en la edad adulta

El segundo estudio profundizó en cómo la reserva cognitiva y la inteligencia emocional afectan la memoria de trabajo, que es la capacidad para mantener y manipular información temporalmente para cumplir una tarea. Esta función suele disminuir con la edad, pero los investigadores exploraron si estos dos factores podían contrarrestar dicha pérdida.

Para ello, se pidió a personas mayores de 65 años realizar tareas donde deben centrarse en la expresión emocional o en la edad de diferentes rostros presentados. “Queríamos comprender si la reserva cognitiva y la inteligencia emocional desempeñan funciones diferentes según si las emociones son relevantes o irrelevantes para una tarea de memoria de trabajo”, explica Stefania Lucia.

Los resultados son clarísimos: la reserva cognitiva mejora el desempeño sin importar el tipo de tarea, mostrando un papel esencial en el apoyo a esta capacidad. Pero las emociones también juegan un papel destacado: cuando la actividad tiene contenido emocional, los mayores rinden mejor y de forma más eficiente.

Lucia aclara que “las personas con mayor inteligencia emocional tardan más en responder a los estímulos emocionales, probablemente porque dedican mayores recursos atencionales y cognitivos a procesarlos. Esto no refleja una mayor dificultad, sino un procesamiento más profundo y exhaustivo de la información emocional”.

Raffaella Rumiati, neurocientífica de SISSA y directora de ambos estudios, subraya que estas investigaciones impactan en dos frentes: una mejor metodología para estudiar el envejecimiento cognitivo y la identificación de factores protectores para la función cerebral en la vejez. Aunque confía en los resultados, advierte que “tendrán que ser explorados con mayor profundidad en futuros estudios”.