El calor extremo y problemas en la infancia influyen al consumo de alcohol adulto
Un estudio reciente realizado por la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, ha encontrado una relación entre las dificultades vividas durante la infancia y un mayor consumo de alcohol entre adultos cuando enfrentan temperaturas extremas.
La investigación, que publicó sus resultados en la revista 'JMIR Aging', destaca que en adultos mayores de 50 años, los episodios de calor intenso están vinculados con un incremento en la ingesta de bebidas alcohólicas. Pero no solo eso, parece que esas conductas están también influenciadas por las vivencias tempranas, especialmente las negativas.
Según el análisis, quienes durante su niñez experimentaron problemas ligados al consumo de sustancias por parte de sus padres o situaciones complicadas con la policía, tienden a beber más en olas de calor. En cambio, aquellos que reportaron tener una buena relación con su padre mostraron menor predisposición a consumir alcohol en esos momentos.
- Consumo de alcohol y calor extremo
- Influencia de las experiencias infantiles
- Posibles explicaciones del comportamiento
- Recomendaciones para adultos mayores
Consumo de alcohol y calor extremo
Este estudio longitudinal contempló más de 20 años de datos de una muestra representativa de más de 20,000 adultos estadounidenses mayores de 50 años, integrados en el Estudio de Salud y Jubilación. Para comprender el efecto del calor, se cruzaron estos datos con registros meteorológicos facilitados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Los resultados fueron claros: cada día adicional con temperaturas mayores a 95°F elevaba el consumo semanal de alcohol. Cuando los episodios térmicos superaron los 30 días, el aumento llegó al 6.3%. Aun más, aquellos que enfrentaron temperaturas por encima de 105°F tenían aún más probabilidades de beber durante esos picos de calor.
Influencia de las experiencias infantiles
Los investigadores apuntaron que las experiencias adversas en la infancia podrían estar influyendo en la forma en que algunos adultos afrontan el estrés de las olas de calor. La profesora Hee Yun Lee, principal autora del estudio, comentó que aunque no se puede afirmar con certeza una causalidad directa, los vínculos negativos de la niñez parecen jugar un papel importante.
Además, la relación con el padre resultó ser un factor protector. Un vínculo saludable redujo la probabilidad de consumo de alcohol en las altas temperaturas. Por otro lado, si los padres tenían problemas con el alcohol o se usaba esta sustancia como mecanismo para enfrentar dificultades, fue más común que esos mismos patrones se repitieran en la generación adulta.
Posibles explicaciones del comportamiento
Se sugieren varias razones para que el calor extremo lleve a beber más alcohol. Una teoría es que el sudor y la fatiga provocados por altas temperaturas hacen que una bebida fría, como la cerveza, resulte atractiva. También, muchas personas podrían ver el alcohol como una forma rápida de aliviar irritabilidad o estrés en días especialmente duros, aunque esto empeore los riesgos relacionados con el calor.
Lee señala que esta práctica puede convertirse en un hábito complicado, donde alguien empieza con una cerveza para refrescarse y termina usando el alcohol como mecanismo para sobrellevar el clima.
Recomendaciones para adultos mayores
La importancia de buscar alternativas más saludables para enfrentar el calor es mayor en adultos mayores, quienes ya están en un grupo de riesgo frente a las enfermedades causadas por altas temperaturas. Mejorar el acceso al aire acondicionado, centros de refrigeración o espacios seguros para refrescarse puede marcar una gran diferencia.
Tal como advierten los investigadores, el consumo habitual de alcohol para manejar el estrés climático puede afectar tanto la salud física como mental, por lo que es fundamental fomentar estrategias adecuadas para afrontar estas situaciones. El apoyo y la educación en el manejo del estrés serán clave para romper este ciclo que puede comenzar desde la infancia.