Mujeres afganas solicitan a España más visados y ayuda para títulos académicos

La presidenta de la Asociación de Mujeres Afganas en España (AMAE), Sunita Nasir Tareen
La presidenta de la Asociación de Mujeres Afganas en España (AMAE), Sunita Nasir Tareen

El camino para muchas mujeres afganas que lograron salir del país tras la llegada de los talibán a Kabul en agosto de 2021 no ha sido sencillo. Evitar la legitimización del régimen talibán y empezar de cero dejando atrás la vida anterior son retos constantes. La presidenta de la Asociación de Mujeres Afganas en España (AMAE), Sunita Nasir Tareen, ha contado cómo estas mujeres, a pesar de haber sido ayudadas por el gobierno español, enfrentan grandes obstáculos para adaptarse y rehacer su vida.

Entre los principales desafíos que destacan está la convalidación de títulos académicos y el aprendizaje del español. Muchas mujeres llegaron con formación avanzada, pero han encontrado que solo reciben pocas horas semanales de enseñanza del idioma y que apenas se supera el nivel A2, lo que dificulta conseguir trabajo. Además, gran parte de la adaptación mejora cuando tienen familiares o hijos que les permiten interactuar más y practicar el idioma.

Para las que cuentan con estudios superiores, la convalidación de sus títulos ha tardado en gestionarse. AMAE ha gestionado entrevistas con el Ministerio de Educación, logrando que trece mujeres obtengan ya esta validación y otros casos estén en proceso. Sin embargo, la ausencia de embajada afgana en España complica la tramitación de certificados y documentos, al tener que acudir a otros países para ello.

  1. No legitimar a los talibán
  2. Visados humanitarios y de estudios
  3. Situación personal y familia en Afganistán

No legitimar a los talibán

Sunita insiste en que quienes viven en el exilio reclaman a la Unión Europea y a los países europeos que mantengan una postura firme y no establezcan relaciones oficiales con el régimen talibán, ya que consideran que sería darles legitimidad. Aun siendo conscientes de las dificultades que eso genera, no están dispuestos a aceptar una representación diplomática controlada por ese régimen en España.

Por otro lado, han comunicado al Ministerio de Exteriores español las complicaciones que enfrentan para gestionar sus documentos oficiales. Muchos ya cumplen los cinco años como refugiados y pueden solicitar la nacionalidad española, pero todavía no existe una solución rápida para los problemas administrativos que ello conlleva. Según las estimaciones, de los aproximadamente 4,000 afganos protegidos en España, unos 1,000 están en proceso de pedir la nacionalidad por residencia.

Visados humanitarios y de estudios

Mientras tanto, hay un grupo numeroso de mujeres afganas atrapadas en países vecinos como Pakistán o Irán, esperando durante años una cita para tramitar un visado humanitario que les permita venir a España. Su situación es muy precaria, pues no pueden regresar a Afganistán debido al peligro y tampoco cuentan con pasaportes vigentes para residir legalmente en esos países.

AMAE reconoce sus limitaciones para ayudar a estas mujeres directamente, pero celebra el trabajo de otras asociaciones que facilitan la llegada de 2 o 3 mujeres al país cada mes mediante este tipo de visados. Otro foco de preocupación está en las niñas que siguen en Afganistán, a quienes se les ha prohibido estudiar en muchos lugares. Algunas mujeres refugiadas intentan enseñarles online, pero las frecuentes interrupciones eléctricas y el miedo de las familias a represalias limitan mucho esta opción.

A pesar de los agradecimientos hacia el gobierno español por su ayuda desde el inicio, Sunita señala la necesidad de acciones concretas que impulsen un cambio real. En especial, hay jóvenes que aguardan un visado de estudios para poder continuar su formación en España, aunque el número disponible es limitado. Además, el papel de España en la UE es clave para defender a estas mujeres y evitar la normalización del régimen talibán.

Situación personal y familia en Afganistán

Sunita reconoce sentirse afortunada porque, desde 2022, trabaja como ingeniera y ha podido mejorar su español gracias a un entorno laboral multicultural y estable. También dispone de una vivienda adecuada. Sin embargo, la situación de sus hermanas y sobrinas, que se quedaron en Afganistán, le pesa mucho, especialmente porque ellas ya no pueden asistir a la escuela al superar los 13 años. Este hecho ha afectado gravemente su salud mental, llevándola a experimentar episodios de ansiedad y depresión.

Le duele llamar a sus sobrinas y saber que están en casa sin actividad, mientras que sus hermanos sí continúan estudiando. Por esta razón, evita hablar mucho de su propia hija cuando alguien pregunta, ya que la diferencia en opciones educativas entre su familia en España y la que dejó atrás es dolorosa para ella. A pesar de todo, Sunita y otras mujeres afganas en el exilio siguen luchando, intentando dar visibilidad a la difícil realidad que enfrentan las mujeres en su país.