ADN bacteriano en tubos de lava que aporta pistas para detectar vida en Marte

Un equipo de expertos internacionales liderado por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) ha logrado identificar microorganismos y sus rastros dentro de cuevas volcánicas en Lanzarote, utilizando tecnología portátil sin necesidad de enviar muestras a laboratorios externos. Este trabajo se ha realizado en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, abriendo posibilidades para aplicar estos avances en la exploración de planetas como Marte, cuyas condiciones ambientales son similares.

Los resultados obtenidos apoyan la hipótesis de que los tubos de lava en Marte podrían haber servido como refugio para formas de vida, protegiéndolas de la radiación y las duras condiciones que caracterizan al planeta rojo. Además, estas cavernas volcánicas se presentan como laboratorios naturales excepcionales para desarrollar métodos que busquen vida en otros mundos, un aspecto clave para futuras misiones espaciales.

  1. Adaptación a condiciones extremas
  2. Tecnología portátil para análisis in situ
  3. Huellas de la vida en la roca
  4. Importancia para la exploración planetaria

Adaptación a condiciones extremas

El estudio ha identificado las distintas especies de microorganismos que habitan estos espacios cerrados y cómo su actividad deja marcas evidentes en los minerales. Se detectaron organismos que dependen de materia orgánica, proporcionada por restos biológicos como hojas o microbios muertos, y otros capaces de sobrevivir sin este tipo de recursos. Ana Zélia Miller destaca: "También hemos identificado huellas de otros que ya no están, y que han quedado conservadas en las rocas, como los fósiles. Esto nos permite detectar indicios de vida pasada, tanto aquí, como en otros planetas".

Las comunidades microbianas se distribuyen según la disponibilidad de nutrientes. En las zonas cercanas a la entrada, con mayor presencia de materia orgánica proveniente del exterior, la actividad biológica es más activa, con organismos que se encargan de descomponer estos compuestos. Más adentro, en áreas dominadas por minerales como el yeso y con pocos recursos, predominan microorganismos que obtienen energía de compuestos inorgánicos, transformándolos en materia orgánica que sirve de alimento para otras formas de vida. Asimismo, se ha observado una gran tolerancia a la sal en algunas especies, una adaptación que les permite sobrevivir en ambientes muy hostiles.

Tecnología portátil para análisis in situ

La investigación, que aparece publicada en la revista Astrobiology bajo el título 'The Microbial Inhabitants of the Corona Lava Tube: Astrobiological Insights from a Mars Analog Environment', se desarrolló en el tubo volcánico La Corona, en Lanzarote. Estas formaciones se crean cuando la lava fluye y la superficie se solidifica, dejando tras de sí un túnel interno hueco. Estas cuevas tienen una gran similitud con el subsuelo de Marte, lo que las convierte en un entorno idóneo para realizar estudios científicos.

Durante la expedición se tomaron muestras de minerales de las paredes y suelos, además de biopelículas visibles que albergan comunidades microbianas protegidas. Dentro de estos microorganismos se encontraron fotosintéticos verdes, como cianobacterias y microalgas. El ADN extraído se analizó en tiempo real dentro de la propia cueva mediante un secuenciador portátil, un dispositivo compacto que permitió identificar las especies presentes sin tener que salir del lugar.

Huellas de la vida en la roca

Además de detectar microorganismos vivos, el equipo científico encontró biosignaturas, que son señales químicas y físicas que evidencian la actividad biológica sobre los minerales. Entre ellas se incluyen perforaciones microscópicas en las rocas y productos químicos resultantes de su metabolismo, algunos conservados durante miles de años. Ana Zélia Miller subraya: "Estas cuevas funcionan como un archivo natural que conserva evidencias de la actividad biológica pasada y presente. Este tipo de huellas resultan de mucho interés en la búsqueda de vida extraterrestre, ya que no siempre es posible detectar organismos vivos, pero sí los rastros que dejan en su entorno".

El análisis confirma que las cuevas volcánicas no solo albergan vida en condiciones extremas, sino que también preservan por largo tiempo las señales biológicas, lo que las convierte en objetivos preferentes para investigaciones futuras en el espacio, donde la carencia de laboratorios complica el estudio.

Importancia para la exploración planetaria

Este proyecto es parte del programa PANGAEA-X de la Agencia Espacial Europea, que se centra en la formación de astronautas y en probar tecnologías para la investigación en otros planetas. En la misión participó el astronauta Matthias Maurer, quien llevó a cabo experimentos científicos dentro de la cueva tras una formación especializada. Su trabajo demostró que los astronautas pueden realizar no solo la recolección de muestras, sino también análisis complejos directamente sobre el terreno.

El estudio ha sido financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación a través del proyecto MICROLAVA (PROYEXCEL_00185), y cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Fundación para la Ciencia y la Tecnología de Portugal mediante el proyecto MICROCENO, además del programa PANGAEA-X de la ESA.