Por qué los chimpancés aman los cristales y qué nos revela eso sobre nosotros
Un sorprendente hallazgo científico revela que los chimpancés muestran una clara fascinación por los cristales. Estos primates no solo valoran estos objetos brillantes, sino que también buscan mantenerlos cerca de sus lugares de descanso y logran distinguir fácilmente cualquier piedra reluciente frente a otras comunes.
Los investigadores se propusieron indagar si la profunda atracción que los humanos sentimos por gemas, metales preciosos y cristales tiene raíces evolutivas que se remontan mucho antes de nuestra especie. Este estudio podría abrir nuevas vías para comprender los orígenes del sentido del valor.
Quizás alguna vez te hayas preguntado, ante la noticia de un diamante o rubí vendido por el precio de una vivienda, “¿por qué?” Aunque figuras como Warren Buffett califiquen al oro como “una reliquia bárbara”, su brillo continúa ejerciendo un atractivo casi inexplicable, con un peso cultural y emocional que trasciende la lógica desde hace milenios.
- Atracción natural por los cristales en los primates
- Estudio con chimpancés y objetos brillantes
- Comportamientos que revelan valor
- Razones tras la atención por los cristales
- Curiosidades y otras especies atraídas por los cristales
Atracción natural por los cristales en los primates
En múltiples yacimientos arqueológicos se han encontrado cristales junto a restos de homínidos, lo que sugiere que desde hace al menos 780.000 años, nuestros antepasados ya recolectaban estas piedras. No los utilizaban como armas, herramientas o adornos, lo que plantea la interrogante: ¿qué les hacía tan atractivos esos cristales?
Para intentar responder a esta incógnita, un equipo de científicos españoles llevó a cabo un experimento con nueve chimpancés criados en un centro de rescate. Aunque los primates tuvieron un contacto prolongado con humanos, los resultados sorprendieron por la fuerza de la atracción que mostraron hacia las piedras cristalinas.
Juan Manuel García-Ruiz, experto en cristalografía y principal investigador, afirmó: “Nos sorprendió gratamente lo fuerte y aparentemente natural que era la atracción de los chimpancés hacia los cristales. Esto sugiere que la sensibilidad a tales objetos puede tener profundas raíces evolutivas.”
Estudio con chimpancés y objetos brillantes
Los humanos comparten un ancestro común con los chimpancés de hace entre 6 y 7 millones de años, por lo que también podrían compartir ciertos comportamientos. Para investigar la posible fascinación por los cristales, se les ofreció a dos grupos de chimpancés diferentes acceso a cristales y piedras comunes de aspecto similar.
Durante la primera prueba, un gran cristal de cuarzo —denominado monolito— se colocó sobre una plataforma junto a una piedra ordinaria. Aunque al principio ambos objetos despertaron interés, rápidamente los chimpancés mostraron preferencia por el cristal y despreciaron la piedra. Uno de ellos, Yvan, llevó el cristal a su refugio forrado con heno, donde descansa.
En un segundo experimento, los chimpancés identificaron cristales pequeños, similares a los encontrados en sitios arqueológicos, entre un montón de guijarros comunes en apenas segundos. La introducción de cristales de pirita y calcita, con formas distintas, no disminuyó su capacidad para distinguirlos.
Comportamientos que revelan valor
“Los chimpancés mostraron una enorme curiosidad por la transparencia de los cristales, sosteniéndolos frente a sus ojos y observándolos detenidamente,” explicó García-Ruiz. Luego, como en el caso del monolito, los trasladaban rápidamente a sus áreas de descanso.
Sandy, uno de los chimpancés, transportaba guijarros y cristales en la boca hasta una plataforma donde los clasificaba. “Separó los tres tipos de cristal según su transparencia, simetría y brillo, un comportamiento asombroso para nosotros,” destacó el investigador.
Los autores observaron que los chimpancés rara vez llevan objetos en la boca, por lo que esto podría indicar que esconden los cristales, tratando así estos objetos con un valor especial. Otra interpretación posible es que estaban comprobando si podían comerlos, aunque la cantidad de comida que exigían para recuperarlos apunta más a un reconocimiento de valor que a la búsqueda de alimento.
Este intercambio entre cristales y alimento refleja una paradoja filosófica clásica: aunque las gemas no son comestibles, su valor de mercado supera ampliamente al del pan. Esta misma paradoja parece aplicarse también a los chimpancés, según la reacción que demostraron en el experimento.
Razones tras la atención por los cristales
Una posible explicación para el atractivo de los cristales se halla en su forma peculiar. Son los únicos sólidos naturales poliédricos, con múltiples caras planas, algo muy distintivo en un entorno dominado por formas curvas y ramificadas, como la naturaleza que rodeaba a nuestros antepasados.
Por eso, los procesos cognitivos de los primeros humanos pudieron sentirse atraídos por estas formas geométricas únicas, diferentes de lo habitual. Observaciones del experimento indican que tanto la transparencia como la forma fascinaron a los chimpancés y podrían haber sido los mismos motivos que cautivaron a los humanos primitivos.
No obstante, la convivencia prolongada con humanos debe considerarse una limitación. Los científicos sugieren que en futuras investigaciones se deberían realizar pruebas similares con simios en libertad, incluyendo bonobos y gorilas, para obtener conclusiones más firmes.
Curiosidades y otras especies atraídas por los cristales
Michael Haslam, arqueólogo de Historic Environment Scotland, comentó al New York Times que otros animales, más allá de los primates, también valoran los cristales. Por ejemplo, los bowerbirds, aves conocidas por decorar sus nidos con objetos llamativos, usan cristales de cuarzo alrededor de sus nidos para atraer a las hembras.
Las gemas que hoy día se venden en los mercados no son sino variedades de cristales cuidadosamente cortados y pulidos. No cabe duda de que si el diamante Hope fuera presentado delante de Sandy o del bowerbird, su reacción sería igual de fascinada y curiosa.