Fallece la magistrada extremeña Ángela Murillo, pionera en la Sala Penal de la AN

Archivo - La magistrada extremeña Ángela Murillo, en una imagen de archivo
Archivo - La magistrada extremeña Ángela Murillo, en una imagen de archivo

La magistrada extremeña Ángela Murillo, referente de la Audiencia Nacional y pionera en la Sala de lo Penal, ha fallecido a los 73 años este pasado viernes. Fue la primera mujer que ingresó en dicho órgano en 1993 y también la primera en presidir una de sus secciones.

Desde Extremadura, una de las primeras reacciones públicas ha llegado de la presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, que ha destacado su trayectoria y la ha definido como un "ejemplo de rigor, valentía y compromiso con la Justicia".

Nacida en Almendralejo (Badajoz), Murillo dedicó más de cuatro décadas a la judicatura. De ese tiempo, 33 años transcurrieron en la Audiencia Nacional, donde participó en algunos de los procedimientos más mediáticos del país, desde el 'caso Nécora' hasta el 'caso Villarejo', además de causas como el 'caso EKIN' o Gescartera.

  1. Carrera judicial y primeros destinos
  2. La llegada a la Audiencia Nacional en 1993
  3. De 'Nécora' a las grandes causas contra el narcotráfico y el terrorismo
  4. El juicio a EKIN
  5. El comentario a Otegi y sus derivadas
  6. Últimos procesos, jubilación y fallecimiento

Carrera judicial y primeros destinos

Murillo ingresó en la carrera judicial en septiembre de 1980. Su primer destino como jueza de instrucción estuvo en Lora del Río (Sevilla), en una etapa en la que la presencia femenina en ese tipo de plazas era poco habitual.

En aquellos inicios, según se recordaba de forma recurrente, un hombre llegó a su despacho y preguntó por su abuelo al confundirla con la nieta del magistrado. Murillo tenía entonces 25 años y aquel episodio reflejó el contexto de la época en los juzgados.

Tras pasar por Vélez Málaga y Onteniente (Valencia), ejerció durante seis meses en un juzgado de instrucción de San Sebastián. Ese mismo año, en 1986, obtuvo plaza en la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid y, poco después, fue nombrada presidenta de la Sección Quinta.

Ese recorrido previo marcó el salto a responsabilidades de mayor exposición, con un perfil centrado en el trabajo de sala y en el estudio detallado de los procedimientos.

La llegada a la Audiencia Nacional en 1993

El acceso a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se produjo en mayo de 1993. Con esa toma de posesión, Murillo se convirtió en la primera mujer que entró efectivamente en este tribunal, mientras que Manuela Fernández de Prado fue designada al mismo tiempo, pero tomó posesión más tarde.

Además, fue la primera jueza que presidió una sección de esa Sala. Se situó al frente de la Sección Cuarta, en un momento en el que dicha sección contaba con mayoría femenina, un hecho que también se consideró significativo dentro de la evolución interna del órgano.

Desde entonces, su nombre quedó ligado a la historia contemporánea de la Audiencia Nacional, tanto por el volumen de asuntos asumidos como por la etapa de cambios en la tipología de los delitos enjuiciados.

Su trayectoria en el tribunal especial se extendió durante décadas, coincidiendo con procesos de gran repercusión pública y con la transformación paulatina del foco judicial hacia causas de distinta naturaleza.

De 'Nécora' a las grandes causas contra el narcotráfico y el terrorismo

Recién incorporada a la Audiencia Nacional, se le asignó la ponencia del 'caso Nécora', una de las operaciones más conocidas contra el narcotráfico en la historia reciente. Con el tiempo, también fue ponente en sumarios como el de la 'Operación Temple' o 'los Charlines', vinculados a la lucha contra el tráfico de drogas, y en procedimientos relacionados con Al Qaeda o ETA.

Quienes trabajaron con ella destacaban un método de estudio basado en el papel: mantenía el hábito de escribir a bolígrafo, se llevaba a casa los tomos de los sumarios, los revisaba y elaboraba notas propias. Después, preparaba un "quién es quién" con cada acusado, una pauta que se citó tanto antes del juicio de Al Qaeda como en el 'caso EKIN'.

En el entorno profesional se subrayaba que, ante un juicio, reducía al mínimo su vida privada y evitaba implicarse en el eco mediático del proceso. El objetivo, según esos testimonios, era sostener resoluciones robustas, con atención prioritaria a la consistencia de las sentencias.

En esa etapa se recordó también que absolvió al narco Laureano Oubiña en su primera acusación por narcotráfico, aplicando la presunción de inocencia. De aquellos procedimientos quedó una frase atribuida al acusado, dirigida a la magistrada: "Doña Ángela, yo hachís sí, pero cocaína nunca".

Más adelante, cuando Oubiña fue juzgado por tráfico de cocaína, Murillo le replicó en sala: "¿Ahora qué me dice usted, señor Oubiña?". También se citó otro episodio: en una ocasión, el acusado se atrincheró en el calabozo y se negaba a subir al juicio, y la magistrada bajó para convencerle y permitir que la vista continuara.

Murillo se declaraba absolutamente apolítica y se describía como "una juez de a pie que no valía para asistir a actos, ponerse mona y sonreír". Según se ha contado, cuando quedó vacante la presidencia de la Sala de lo Penal, algunos compañeros plantearon su nombre, pero no quiso concursar al considerar que ese puesto exigía una actividad social intensa.

El juicio a EKIN

Uno de los hitos de su etapa al frente de sección fue el juicio a EKIN en 2007. En ese procedimiento fueron condenados 47 acusados de una organización considerada como "las entrañas y el corazón" de la banda terrorista ETA.

Quienes siguieron aquella causa recordaban que la vista se prolongó durante 16 meses. También destacaban que el proceso estuvo marcado por continuas peticiones de nulidad planteadas por las defensas, con las que se buscaba la suspensión del juicio.

En ese periodo, Murillo afrontó además una situación personal compleja: su pareja fue sometida a una intervención quirúrgica grave y, tras varios meses en la UVI, falleció. Pese a ello, no se interrumpió la presidencia de la vista, y el ritmo del juicio se mantuvo, con visitas al hospital tras las sesiones.

Durante la elaboración de la sentencia, se relató que un funcionario la encontró metida "literalmente" en una gran caja de cartón sucia, revisando documentación incautada para "armar" la resolución.

El comentario a Otegi y sus derivadas

Otro episodio que dejó huella en su carrera se situó en 2010. Ese año, el Tribunal Supremo la apartó de la vista oral contra el dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi por una supuesta falta de imparcialidad, a raíz de un comentario dirigido al encausado.

En aquella sesión, Murillo preguntó a Otegi si condenaba a ETA y, ante la negativa a responder, indicó que ya sabía que no iba a contestar. El Supremo decidió apartarla al apreciar "prejuicio". La vista oral se repitió y el exportavoz de Batasuna quedó absuelto en ese procedimiento.

Posteriormente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) se pronunció sobre la sentencia de la Audiencia Nacional que condenó a Otegi, Rafael Díez Usabiaga, Arkaitz Rodríguez Torres, Sonia Jacinto García y Miren Zabaleta Tellería en el 'caso Bateragune'. Estrasburgo concluyó que se vulneró el artículo 6.1 del Convenio Europeo, al entender que existía un "temor legítimo" de los acusados a una falta de imparcialidad.

El TEDH indicó que no había "ninguna evidencia" para sostener que el tribunal actuara con "animadversión personal" hacia los acusados, pero consideró que las "dudas" estaban "justificadas". Ese análisis se vinculó a la presencia de Ángela Murillo en el tribunal, por el antecedente del comentario realizado años antes a Otegi.

Tras la resolución de Estrasburgo, la Sala Segunda estimó los recursos de revisión presentados por Otegi y el resto de condenados. La sentencia de 2012 fue anulada, y con ella las penas de entre seis años y seis años y medio de prisión impuestas por pertenencia a organización terrorista.

La secuencia judicial posterior situó el caso como uno de los episodios más citados cuando se revisa el debate sobre la apariencia de imparcialidad en órganos colegiados.

Últimos procesos, jubilación y fallecimiento

La trayectoria de Murillo reflejó también la evolución de la Audiencia Nacional. Con el paso de los años quedaron atrás los grandes juicios centrados en ETA y los procesos contra clanes gallegos de la droga, mientras ganaban peso los asuntos de delincuencia económica y corrupción política.

En esa etapa más reciente, presidió o intervino en procedimientos conocidos, entre ellos Gescartera, Ausbanc, la salida a Bolsa de Bankia o el 'caso Villarejo'. Esos sumarios se incorporaron a una carrera marcada por el volumen de causas y el cambio de prioridades en la agenda judicial.

La jubilación llegó en septiembre de 2024, cuando alcanzó los 72 años, edad establecida como límite legal para jueces y magistrados. Con su retirada, puso fin a una etapa prolongada en el estrado y, en especial, a más de tres décadas vinculada a la Audiencia Nacional.

Este pasado viernes se conoció su fallecimiento a los 73 años. El anuncio motivó mensajes institucionales, entre ellos el de María Guardiola, que subrayó su perfil profesional como "ejemplo de rigor, valentía y compromiso con la Justicia".