Militares ucranianos almacenan esperma para proteger el futuro del país

 Soldado ucraniano en el campo de batalla
Soldado ucraniano en el campo de batalla

Maxim desafía el silencio que rodea la fertilidad en el ejército ucraniano. Para él, es esencial que sus compañeros hablen abiertamente sobre este tema, vital para el futuro del país.

"Nuestros hombres están cayendo. El patrimonio genético de Ucrania se está perdiendo. Aquí va la supervivencia de nuestra nación", comparte el soldado durante una llamada desde el frente este con la BBC.

A sus 35 años, este miembro de la Guardia Nacional ucraniana fue persuadido por su esposa para acudir a una clínica en Kyiv y donar una muestra de esperma, que se conservará congelada sin coste alguno gracias al apoyo estatal para los militares activos.

Este esperma preservado ofrece una esperanza: en caso de fallecimiento, su mujer podrá utilizarlo para cumplir el sueño de tener un hijo. Además, Maxim recalca que esta medida es crucial para cualquier soldado, ya que la incertidumbre sobre su seguridad es constante.

"Estar en la línea de fuego o a decenas de kilómetros, nunca es seguro. Los drones rusos mantienen una amenaza constante", explica. El estrés provocado repercute directamente en el deseo sexual, por lo que cuidar el futuro personal y el de Ucrania es una prioridad.

  1. Preservación de la fertilidad en tiempos de guerra
  2. Inicio del programa en Kyiv
  3. Legislación y retos legales

Preservación de la fertilidad en tiempos de guerra

Desde el estallido del conflicto ruso-ucraniano en 2022, las clínicas privadas de fertilidad comenzaron a ofrecer un servicio gratuito a los soldados: la criopreservación de esperma y óvulos.

Esta iniciativa pionera, que luego fue financiada por el Estado, permite a los militares congelar sus células reproductivas frente al riesgo de lesiones o daños relacionados con el combate.

"Nuestros soldados defienden nuestro futuro, pero pueden perder el suyo. Ofrecer esta posibilidad es vital", afirma Oksana Dmitrieva, parlamentaria y coautora de la ley que regula el programa.

En sus inicios, la normativa exigía destruir las muestras de quienes fallecieran, lo que ocasionó un gran problema cuando la viuda de un soldado intentó usar la muestra congelada sin éxito.

Tras revisar la ley, ahora las muestras están resguardadas gratuitamente hasta tres años después del deceso, disponibles para las parejas siempre que haya consentimiento por escrito.

Este programa también nace con la misión de contrarrestar la crisis demográfica agravada por las muertes jóvenes y la emigración masiva debido a la guerra. La ausencia de muchas mujeres que buscan refugio fuera del país y la pérdida de nacimientos en Ucrania son parte de esta realidad.

Dmitrieva, que visitó el frente, ha pedido a los soldados que no oculten sus problemas de fertilidad y que consideren la congelación como una medida preventiva. "Al principio sienten vergüenza, pero luego se animan y lo hacen", explica.

Inicio del programa en Kyiv

Desde enero, el centro reproductivo en Kyiv ha abierto sus puertas para aceptar la participación de soldados en el plan de congelación gratuita de esperma, aunque por ahora sólo una docena de militares se han sumado.

Su directora, Oksana Holikova, espera un notable aumento en la demanda. En su laboratorio, donde se almacenan las muestras en gigantescos tanques refrigerantes, la atmósfera refleja el impacto de la guerra.

La clínica atiende a menos mujeres embarazadas que antes del conflicto y casi el 60% de las pacientes toma antidepresivos debido al estrés constante de los ataques con misiles y drones.

Holikova destaca que el miedo y la incertidumbre han provocado un "síndrome de vida detenida": muchas personas aplazan decisiones cruciales, como el embarazo, ya que temen llevar una vida en medio de bombardeos y refugios.

Legislación y retos legales

Ucrania necesita urgentemente incrementar su natalidad, pero las leyes destinadas a apoyar a las familias de los militares aún presentan carencias.

Katerina Malyshko y su marido Vitaly luchaban por concebir cuando la guerra alteró sus planes. Tras la trágica muerte de Vitaly, Katerina enfrentó un nuevo desafío: la clínica le negó usar los embriones y el esperma congelados de su esposo para continuar el tratamiento.

Gracias a la intervención de Oksana Dmitrieva, que presionó directamente a algunas clínicas, este bloqueo se ha reducido. Aún así, la ley sigue en revisión con enmiendas previstas para abril.

Evidenciando la demora y la desigualdad, Katerina recurrió a los tribunales y seis meses después logró su derecho a acceder a los embriones. "Fue una mezcla de alegría y dolor, pero quería honrar a mi esposo", comenta.

Aún sin estar lista para ser madre, tiene claro que los hijos de los soldados caídos merecen vivir y crecer en el país por el que dieron su vida.

Maxim, desde el frente, comparte esa visión: "Puedo no sobrevivir, pero mi esposa tendrá mi esperma. Es un alivio que me quita una preocupación". Su mayor misión ahora es que más hombres se sumen al programa, pues muchos todavía ocultan sus problemas de fertilidad y salud mental.

Sugiere incluso que la congelación sea una práctica obligatoria para todos los reclutas, al igual que depositan muestras de ADN para identificación en combate.

"Solo si hablamos claro y mostramos la importancia de esto, los hombres nos moveremos. De lo contrario, no hacemos nada hasta que nos lo impongan", concluye con urgencia Maxim, rompiendo tabúes para asegurar el futuro.