Un estudio alerta: la IA se cuela en la infancia como nueva forma de persuasión

Isaac Maroto.

Un estudio reciente revela que la inteligencia artificial (IA) podría convertirse en una nueva forma de persuasión dirigida a la infancia. Como ejemplo, se destaca el uso de juguetes inteligentes, que combinan conversación, personalización y la recopilación de datos emocionales con posibles fines comerciales.

Este análisis fue realizado por Isaac Maroto González, experto en Comunicación e Información Contemporánea y miembro del grupo de investigación Novos Medios (PSM Research Team) de la USC, junto a Verónica Crespo Pereira, de la Universidade da Coruña (UDC).

La conclusión principal resalta que la IA, cuando se introduce en la vida de los niños, debe fomentar la autonomía, la creatividad, la pluralidad, la interacción humana y el pensamiento crítico. Se debe evitar que la tecnología se transforme en un instrumento para captar atención, recolectar datos o ejercer una "persuasión oculta".

El verdadero desafío, apuntan los autores, no solo es usar la IA en la educación y el juego, sino asegurarse de que su desarrollo y regulación coloquen el bienestar y la independencia de los menores por encima de intereses comerciales o tecnológicos.

El informe examina casos de Estados Unidos y China, y subraya la urgencia de abordar la incorporación de la inteligencia artificial en la infancia desde las perspectivas tecnológica, educativa, legal y ética.

El capítulo sobre menores, titulado Cando a infancia entre en contacto coa IA: xogo, aprendizaxe e persuación, donde Maroto es el autor principal, forma parte del libro A intelixencia artificial no espello. Guía social, ética e cultural para entender o presente e o futuro dixital, que la editorial McGraw Hill Aula Magna publicará en abierto a mediados de septiembre tras completar su edición.

El estudio confirma que la IA ofrece beneficios en educación, como la personalización del aprendizaje o la detección temprana de problemas, además de mejorar ciertos procesos. Sin embargo, alerta también sobre el riesgo de que el ambiente educativo se convierta en un espacio dominado por la recopilación y análisis de datos, la vigilancia algorítmica y la toma de decisiones automatizadas.

  1. El caso de Channel One
  2. China y la educación monitorizada
  3. Juguetes inteligentes

El caso de Channel One

El estudio recupera la experiencia de Channel One en Estados Unidos, una iniciativa que introdujo publicidad en centros educativos a cambio de recursos tecnológicos específicos.

Los investigadores señalan cómo este tipo de proyectos reflejan que la atención de los niños puede convertirse en un activo comercial, y cómo la tecnología puede transformar paulatinamente los espacios educativos en áreas de influencia comercial.

China y la educación monitorizada

El análisis también contempla la adopción de la IA en diferentes niveles del sistema educativo chino, donde plataformas de aprendizaje personalizado, tutorías inteligentes y robots recopilan información sobre el rendimiento estudiantil.

Aunque estas tecnologías buscan adaptar la enseñanza a las necesidades de cada alumno y mejorar la eficiencia, los autores advierten sobre los riesgos de una vigilancia constante. La recopilación de datos psicofisiológicos y biométricos, así como la detección de emociones como tensión o frustración, generan dudas acerca de la privacidad y autonomía de los estudiantes.

El estudio destaca que una educación enfocada únicamente en la eficiencia puede restringir la creatividad, la espontaneidad y el pensamiento crítico. Frente a esto, aboga por la importancia de la interacción humana, la escucha activa y las relaciones sociales en el aprendizaje.

Juguetes inteligentes

Otro aspecto analizado es el auge de los juguetes conversacionales con inteligencia artificial. Entre los casos estudiados está el acuerdo entre OpenAI y Mattel para incorporar tecnología conversacional a juguetes muy conocidos.

Estos dispositivos pueden dejar de ser solo elementos de entretenimiento para convertirse en interlocutores personalizados que recogen información sobre las emociones, preferencias y conversaciones de los niños.

Esta interacción conlleva riesgos, ya que los vínculos afectivos con el juguete podrían facilitar métodos de persuasión difíciles de detectar por los menores. Además, la información sobre sus emociones, deseos o miedos podría ser utilizada para influir en sus comportamientos o preferencias, especialmente cuando hay intereses comerciales detrás.