Dos águilas de Bonelli, macho y hembra, vuelan en zonas históricas de Navarra

Un momento de la intervención.
Un momento de la intervención.
  1. Nuevas águilas de Bonelli nacen en Navarra
  2. Seguimiento y marcaje de las águilas
  3. Amenazas persistentes para las águilas

Nuevas águilas de Bonelli nacen en Navarra

En Navarra, dos jóvenes águilas de Bonelli están dominando actualmente sus cielos. Estos ejemplares nacieron de parejas reproductoras locales, una situación positiva aunque poco común, dado que esta especie figura como 'en peligro de extinción' en el Catálogo de Especies Amenazadas de la región.

La hembra, llamada Ida, y el macho, Ondallu, ya identificados y con sus movimientos geolocalizados, están próximos a iniciar su etapa de dispersión. Este proceso, habitual en estas aves, los llevará fuera de Navarra. La recuperación ha sido posible gracias a la Dirección General de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, que ha contado con la financiación de programas LIFE europeos, así como con diversas iniciativas de restauración de hábitat y la colaboración de múltiples entidades y municipios como Cáseda y Lumbier. La presencia de estas águilas evidencia que la estrategia de recuperación de la especie puede tener éxito.

Actualmente, el águila de Bonelli (Aquila fasciata) se encuentra en dos de sus tres territorios históricos dentro de Navarra: Leire-Arbaiun y Kaparreta. Pronto, estos ejemplares juveniles realizarán vuelos extensos y, si retornan en próximas temporadas, se fortalecerá el ciclo que contribuye a recuperar esta especie emblemática del ecosistema mediterráneo, lo cual refuerza la biodiversidad, la regulación natural de fauna y la resiliencia ambiental.

Seguimiento y marcaje de las águilas

Ida y Ondallu nacieron en abril, fruto de parejas cuya descendencia proviene de águilas previamente reintroducidas o marcadas: el macho Sielva, reintroducido en 2015, y la hembra Iraia, liberada en 2021 en Álava, junto con el macho de Cáseda (liberado en 2018) y la hembra Alfonsita, silvestre y marcada en 2021.

Durante esta fase inicial, Sielva sufrió una fractura en el ala tras impactar con un tendido eléctrico y ahora está en rehabilitación en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Ilundáin. Los territorios donde se encuentran los pollos están bajo vigilancia especial por parte de expertos del Gobierno de Navarra, guardas de medio ambiente y la empresa Trilumak, que utilizan emisores GPS, cámaras de fototrampeo y visitas de campo para monitorear el crecimiento y bienestar de las aves.

El marcaje de los ejemplares se realizó entre mayo y junio, con la participación de especialistas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Durante esta operación, el Grupo de Intervención en Altura (GIAN) descendió por los roquedos para capturar a las águilas, tomando medidas biométricas, muestras genéticas y evaluando su estado de salud antes de equiparlas con anillas y emisores GPS solares para el seguimiento diario de sus movimientos.

A partir de julio los pollos comenzaron a volar, acompañados por sus padres en vuelos de entrenamiento que los preparan para su dispersión hacia regiones del sur y sureste de la Península Ibérica, con la esperanza de que regresen en años posteriores para reproducirse.

Amenazas persistentes para las águilas

El retorno de estas águilas a su zona original es esperado, dado que suelen reproducirse cerca del lugar donde nacieron. Sin embargo, enfrentan riesgos naturales como disputas territoriales y de apareamiento, que pueden causarles heridas graves o incluso la muerte. La principal amenaza, no obstante, proviene de la actividad humana: los tendidos eléctricos causan aproximadamente la mitad de las muertes de estas aves.

Un ejemplo destacado fue la muerte en enero de 2025 de Urri, la primera águila de Bonelli nacida en libertad en Navarra en dos décadas, debido a un tendido eléctrico en Ciudad Real. Desde 1989, la protección de las aves frente a estos peligros ha contado con medidas específicas, aplicadas incluso por encima de lo que exige la normativa general.

En Navarra existen 35.350 postes eléctricos, propiedad tanto de grandes compañías como de pequeños propietarios. En la última década, se han corregido cerca de 9.000 postes gracias a convenios y una inversión de 1,6 millones de euros, destinando especialmente 1,3 millones en los últimos cinco años para mejorar más de 950 torres. Actualmente, el 60,47% de los 16.370 postes en zonas de protección ya están adaptados, y se mantienen protocolos para intervenir ante casos de electrocución detectados en la zona.