Pakistán anuncia conflicto abierto con Afganistán tras ataques aéreos en Kabul

En las primeras horas del viernes, la noche en Kabul se vio sacudida por ataques aéreos lanzados por cazas paquistaníes que impactaron no solo en la capital afgana, sino también en otras dos provincias del país. Islamabad argumenta que su ofensiva fue una respuesta directa a un ataque previo efectuado desde territorio afgano. Lo que hasta ahora había sido considerado un enfrentamiento esporádico en la frontera, ha evolucionado a un conflicto más intenso que amenaza con desbordar una rivalidad que se mantiene latente hace décadas.

  1. Origen de las tensiones y respuestas oficiales
  2. Importancia de la Línea Durand y su disputa histórica
  3. El Tehrik-e-Taliban Pakistan y su influencia en el conflicto
  4. Deterioro del alto el fuego y retorno del conflicto abierto

Durante la mañana, el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, utilizó la red social X para declarar: "Nuestra paciencia se ha acabado. A partir de ahora, estamos en una guerra abierta entre vosotros y nosotros". Este mensaje dejó claro el punto de inflexión en las relaciones entre ambos países.

Origen de las tensiones y respuestas oficiales

Los hechos que precipitaron esta escalada comenzaron la noche del jueves cuando el ejército talibán atacó posiciones paquistaníes en varias zonas de una frontera que, debido a su naturaleza porosa y disputada, es escenario frecuente de conflictos. Desde Kabul se explicó que esos ataques fueron una represalia por los bombardeos paquistaníes del pasado fin de semana, que causaron la muerte de 18 personas. En respuesta, el ejército paquistaní activó la denominada operación Ghazab Lil Haqq, que podría traducirse como "Operación Furia Justa".

Por su parte, Zabihullah Mujahid, portavoz talibán, acusó al "cobarde ejército paquistaní" de bombardear Kabul y las provincias de Paktia y Kandahar, esta última considerada el epicentro espiritual de los talibanes. Islamabad respondió que sus acciones estaban dirigidas a castigar posiciones del régimen afgano tras el ataque inicial. Ambos gobiernos han reiterado su compromiso de proteger la integridad territorial sin importar el coste.

Importancia de la Línea Durand y su disputa histórica

En términos cuantitativos, Pakistán informó haber eliminado a 133 combatientes afganos y haber destruido 27 bases militares. Según Kabul, sus pérdidas fueron menores, con ocho soldados muertos y once heridos, mientras que asegura que sus fuerzas infligieron 55 bajas al ejército paquistaní y lograron capturar posiciones en la Línea Durand, frontera que une y separa a ambas naciones.

El medio Al Jazeera, que cuenta con corresponsales en ambas regiones, reportó que los enfrentamientos continuaron durante todo el día en diversos tramos limítrofes. Un portavoz afgano declaró que las acciones ofensivas de gran escala contra bases militares paquistaníes se realizaron en respuesta a las continuas rebeliones por parte del ejército paquistaní a lo largo de esta frontera.

Esta franja, marcada hace más de un siglo por el Imperio Británico en 1893, no contempló las particularidades étnicas ni tribales de la zona, especialmente afectando a las comunidades pastunes divididas entre los dos Estados. Afganistán nunca reconoció plenamente esta línea divisoria, y cada incursión o construcción de puestos vuelven a abrir esta vieja disputa que sigue sin resolverse a nivel gubernamental.

El Tehrik-e-Taliban Pakistan y su influencia en el conflicto

El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, aseguró el viernes que las fuerzas armadas no permitirán ninguna amenaza contra la seguridad nacional y advirtió que "no habrá indulgencia en la defensa de la patria, y a cada acto de agresión se le dará una respuesta adecuada".

El detonante de la actual escalada es la actividad del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), organización insurgente paquistaní que lleva combatiendo a Islamabad desde 2007 y que mantiene vínculos ideológicos y personales con los talibanes afganos. Pakistán acusa a este grupo de operar desde refugios en Afganistán, desde donde orquestaría una serie de atentados recientes que han sacudido el país. Kabul niega rotundamente estas acusaciones, aunque la desconfianza entre ambas naciones permanece latente desde el retorno de los talibanes al poder en 2021, cuando los enfrentamientos en zonas fronterizas se intensificaron.

El pasado fin de semana, el ejército paquistaní llevó a cabo bombardeos contra supuestos campamentos del TTP y facciones afines al Estado Islámico dentro del territorio afgano, afirmando haber eliminado a decenas de militantes. Las autoridades talibanes denunciaron que los ataques impactaron también en zonas civiles, incluyendo una madrasa y viviendas en el este del país, con un saldo mínimo de 18 fallecidos. La respuesta afgana no se hizo esperar: esa misma noche, coordinaron ofensivas a lo largo de seis provincias limítrofes y difundieron imágenes de convoyes en movimiento y disparos durante la oscuridad.

Deterioro del alto el fuego y retorno del conflicto abierto

La violencia se extendió también al paso fronterizo de Torkham, uno de los principales cruces comerciales y humanos entre Pakistán y Afganistán. Se reportaron ataques a campamentos de refugiados en Nangarhar, que dejaron varios heridos, incluyendo mujeres y niños, según Kabul. Del lado paquistaní, también se anunciaron evacuaciones de emergencia.

En su mensaje en X, el ministro de Defensa paquistaní afirmó que tras la salida de las fuerzas de la OTAN se esperaba que la paz se consolidara en Afganistán. Sin embargo, acusó a los talibanes de haber convertido el país en una "colonia de la India" y de reunir en su territorio a grupos terroristas internacionales, exportando terrorismo y privando a la población de derechos humanos fundamentales, especialmente a las mujeres.

El pasado otoño, con la mediación de Qatar, Islamabad y Kabul firmaron una frágil tregua. Este acuerdo, más un movimiento táctico que una solución política definitiva, buscaba enfriar las hostilidades sin abordar los problemas fundamentales. Si bien logró contener momentáneamente los combates más severos y fomentó contactos indirectos, nunca se establecieron mecanismos firmes de verificación ni compromisos claros sobre el control de grupos armados.

Desde entonces, los enfrentamientos esporádicos y las mutuas acusaciones se han repetido a lo largo de la Línea Durand, debilitando la escasa confianza necesaria para mantener la paz. En los últimos días, esta delicada calma se ha roto por completo, dando paso a una oleada de enfrentamientos, bombardeos e incursiones nocturnas, mientras la retórica oficial reinstala a ambos países en el borde de un conflicto abierto a gran escala.