Los auriculares con cable regresan: cuestan menos y no se quedan sin batería
En el metro, al salir a correr, mientras se estudia o se trabaja, o incluso cuando solo apetece matar el rato, los auriculares aparecen a cualquier hora del día. A veces ni siquiera hay música: se usan como una forma rápida de aislarse del entorno o de bajar el ruido de una cafetería llena a primera hora.
No sorprende que sean el accesorio para el móvil más vendido. El mercado está repleto de alternativas de todo tipo y marca: in-ear, over-ear, true-wireless, de diadema y, cómo no, los clásicos auriculares de cable.
Estos últimos son los de toda la vida por varias razones: suelen ser más versátiles, cuestan menos y, durante años, venían en la caja del móvil —sobre todo en la de los iPhone—. Aunque los true-wireless (los inalámbricos) han dominado la conversación reciente, los fabricantes ya perciben un nuevo empuje de los modelos con cable, con ventas al alza en los últimos meses.
- Auriculares por todas partes
- El regreso del cable en plena era inalámbrica
- Precio y estética: las claves en la generación Z
- Sonido, micrófono y la ventaja de no cargar nada
- Cuándo conviene cable y cuándo mejor otra opción
Auriculares por todas partes
La variedad actual explica por qué cuesta elegir: hay modelos pensados para el deporte, para llamadas, para viajar o para escuchar música sin más. En el día a día, se han convertido en un complemento tan habitual como el propio móvil.
Dentro de ese abanico, los auriculares con cable siguen ocupando un lugar muy reconocible. Además de su uso sencillo, también arrastran el recuerdo de cuando venían incluidos en el paquete del teléfono, especialmente en el caso de los iPhone.
El regreso del cable en plena era inalámbrica
Los inalámbricos mandan en cifras: según datos de 2024, representan un 78 % de la cuota de mercado. Aun así, varios reportes reflejan un interés creciente por los auriculares con cable, hasta el punto de que se calcula que en 2033 el mercado de este tipo de modelos podría llegar a los 4.500 millones de dólares en ingresos.
La tendencia se nota especialmente entre la generación Z. Puede sonar raro que un grupo criado en plena era de internet se incline por opciones más simples, con menos funciones y menos “magia” tecnológica, pero se repiten varios motivos que explican esa preferencia.
En el propio texto se menciona un ejemplo personal contado en tercera persona: el redactor lleva años usando auriculares con cable, en concreto unos EarPods de Apple. Y, aunque mantiene el uso de unos AirPods Pro de primera generación, en muchas situaciones termina recurriendo al cable por ventajas muy concretas.
Precio y estética: las claves en la generación Z
Uno de los argumentos más claros es el precio. Los modelos con cable como los EarPods suelen ser bastante más baratos que unos true-wireless de buena calidad. En el caso de Apple, los auriculares con cable y USB-C rondan los 15 o 20 euros en tiendas como Amazon, mientras que los AirPods más básicos se mueven alrededor de 100 euros, es decir, unos 80 euros más.
También influye algo muy cotidiano: son fáciles de perder. Pueden quedarse en el tren, olvidarse en el bolsillo de una chaqueta o quedarse en la habitación de un hotel. Y, siendo realistas, duele menos extraviar unos auriculares con cable que unos AirPods de más de 100 euros.
Hay alternativas todavía más baratas que los EarPods, igual que existen inalámbricos más asequibles que los AirPods. Pero aquí aparece otro motivo que se menciona como decisivo entre los centennials: la estética.
El texto lo plantea así: igual que el iPhone es el móvil estrella entre la generación Z, los AirPods son los inalámbricos más deseados dentro de ese grupo. Pocos eligen modelos de Xiaomi pese a su relación calidad / precio, porque —aunque algunos imiten el estilo— no se perciben tan atractivos como los de la firma de Cupertino. Quien no tiene presupuesto o no quiere gastar en AirPods, a menudo se decanta por cable, aunque unos de Xiaomi o Huawei cuesten lo mismo.
Para algunas personas, el cable puede verse más llamativo, pero la estética retro y la de los 2000 está de moda. Los auriculares pasan a ser parte del outfit: encajan al salir a correr o al vestirse sin complicaciones para ir a tomar algo con amigos.
Sonido, micrófono y la ventaja de no cargar nada
La calidad de sonido es otro punto importante. Para lo que cuestan, ofrecen un rendimiento que convence, y además evitan problemas típicos del inalámbrico: sin cortes, sin fallos de emparejamiento, sin pérdidas de audio en algunas canciones y sin una experiencia irregular con funciones como el sonido espacial o el seguimiento de la cabeza.
En llamadas y notas de voz también se nota diferencia. El texto recalca que el micrófono en modelos con cable suele rendir mejor que el de unos AirPods u otros similares. Al estar el micrófono en el control de volumen, queda más cerca del cuello y la boca, y así capta la voz de forma más eficiente.
Y hay un detalle práctico imposible de ignorar: los auriculares con cable no tienen batería. Eso elimina la rutina de cargarlos, de vigilar la autonomía o de descubrir que ni los auriculares ni el estuche tienen energía. La idea es simple: se conectan y suena la música.
Eso sí, también se señalan inconvenientes. El cable puede acabar hecho un nudo y resultar desesperante. Además, se echa de menos la cancelación de ruido en situaciones concretas, como cuando se viaja en un AVE lleno, con niños de 5 años subidos en el compartimento de las maletas.
Cuándo conviene cable y cuándo mejor otra opción
La idea final es elegir según el momento. Para un paseo, para coger el metro, para estudiar sin demasiado ruido o para trabajar, los auriculares con cable cumplen sin complicaciones y con un coste bajo.
En cambio, para un avión o para zonas con mucho barullo, resultan más adecuados los auriculares de diadema que cubren toda la oreja o, en general, cualquier modelo con cancelación de ruido.