Una nueva investigación sugiere que los simios también pueden imaginar
Los grandes simios pueden mostrar conductas de simulación y usar la imaginación en juegos de “hacer como si”, una capacidad que durante años se ha considerado propia de los humanos, según un equipo de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos).
Los resultados, publicados en Science y descritos como consistentes a lo largo de tres experimentos, se apoyan en observaciones controladas con un bonobo que interactuó con jugo imaginario y uvas imaginarias, lo que cuestiona suposiciones extendidas sobre los límites cognitivos en animales.
De acuerdo con los investigadores, estos datos apuntan a que comprender objetos inexistentes está dentro del potencial cognitivo de, al menos, un simio criado en un entorno humano, y que esta habilidad podría remontarse a entre 6 y 9 millones de años, hasta ancestros evolutivos comunes.
- Un estudio en Science y el caso de Kanzi
- Por qué evaluar el juego de simulación
- Montaje del entorno y procedimiento general
- Experimento 1: seguimiento de jugo imaginario
- Experimento 2: control con jugo real
- Experimento 3: objeto imaginario con uvas
- Lectura de los hallazgos y líneas futuras
Un estudio en Science y el caso de Kanzi
El trabajo está firmado por investigadores vinculados a Johns Hopkins, entre ellos Christopher Krupenye, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales, y Amalia Bastos, entonces becaria postdoctoral en esa universidad y actualmente profesora en la Universidad de St. Andrews (Escocia).
Krupenye señala que resulta relevante que la actividad mental de estos animales pueda ir más allá del aquí y ahora. En su planteamiento, la imaginación se ha tratado durante mucho tiempo como un rasgo central de la condición humana, y la posibilidad de que no sea exclusiva de la especie humana implicaría revisar ideas previas sobre qué capacidades diferencian a unas especies de otras.
La investigación se centró en Kanzi, un bonobo de 43 años que vive en Ape Initiative y sobre el que existían informes anecdóticos de conductas de simulación, además de capacidad para responder a indicaciones verbales señalando.
Por qué evaluar el juego de simulación
En humanos, el juego de simulación aparece temprano. A los dos años, muchos niños pueden participar en escenas imaginarias, como servir y tomar té. Incluso alrededor de los 15 meses, algunos bebés muestran sorpresa si una persona simula vaciar una taza y después aparenta beber de ella.
Pese a esa referencia en desarrollo infantil, el equipo subraya que no se habían descrito estudios controlados sobre simulación en animales no humanos, aunque sí existían relatos aislados. Entre esos ejemplos se mencionan observaciones de chimpancés jóvenes, en especial hembras, que cargan palos y juegan con ellos como si fueran crías, y el caso de un chimpancé en cautividad que parecía arrastrar bloques imaginarios tras jugar con bloques reales.
Ante ese contexto, el objetivo fue comprobar la conducta de “fingir” en un marco experimental controlado, para evaluar si se podían rastrear objetos imaginarios de forma sistemática.
Montaje del entorno y procedimiento general
Los ensayos se diseñaron con una estructura similar a una fiesta de té infantil. En cada prueba, Kanzi y un experimentador se situaron frente a frente, con una mesa en la que se colocaban recipientes como jarras, tazas, cuencos y frascos, según el experimento.
La lógica común consistió en que el experimentador ejecutaba una secuencia de acciones con recipientes vacíos, simulando verter, mover o vaciar contenidos inexistentes. Después, se formulaba una pregunta para que Kanzi indicara mediante señalamiento dónde “estaba” el contenido imaginado.
Experimento 1: seguimiento de jugo imaginario
En la primera tarea se colocaron sobre la mesa dos vasos transparentes vacíos y una jarra transparente también vacía. El experimentador inclinó la jarra como si vertiera jugo imaginario en ambos vasos.
A continuación, simuló vaciar uno de los vasos, agitándolo para representar que el contenido salía. Después preguntó a Kanzi en qué vaso estaba el jugo.
Según la descripción del estudio, Kanzi señaló la taza correcta, es decir, la que supuestamente mantenía el jugo de mentira, en la mayor parte de los intentos. Ese patrón se mantuvo incluso cuando se cambió la ubicación del vaso “lleno” de jugo imaginario.
Experimento 2: control con jugo real
Para descartar que Kanzi estuviera asumiendo la presencia de líquido real que no se veía, se desarrolló una segunda prueba como control. En este caso, se presentó un vaso con jugo real junto a un vaso con jugo imaginario.
Cuando se preguntaba a Kanzi cuál quería, la elección recayó casi siempre en el jugo real, de acuerdo con el informe. Este resultado se utilizó para diferenciar entre la preferencia por un contenido real visible y el seguimiento de un contenido fingido cuando la tarea lo requería.
Experimento 3: objeto imaginario con uvas
El tercer experimento trasladó la misma idea a otro objeto: las uvas. Un experimentador simuló tomar una uva de un recipiente vacío y luego representó colocarla dentro de uno de dos frascos.
Después, se escenificó el vaciado de uno de los recipientes y se preguntó a Kanzi dónde estaba la uva. En esta fase, Kanzi volvió a indicar la ubicación del objeto imaginario.
El estudio señala que el desempeño no fue perfecto en todos los intentos, pero el patrón general se mantuvo, con respuestas que apuntaban de forma consistente hacia el lugar donde se había representado el contenido inexistente.
Lectura de los hallazgos y líneas futuras
Bastos destaca que los datos sugieren que un simio puede concebir mentalmente cosas que no existen y, al mismo tiempo, manejar la diferencia entre lo imaginado y lo real. En el planteamiento del equipo, Kanzi habría generado una representación del objeto imaginario sin confundirla con un objeto físico.
Los autores indican que estos resultados abren la puerta a más estudios para comprobar si otros simios, y también otras especies, pueden participar en juegos de simulación o seguir el rastro de objetos imaginarios bajo condiciones controladas.
Además, se plantea explorar otras facetas de la imaginación en simios, como la capacidad de pensar en el futuro o de razonar sobre lo que sucede en la mente de otros. En ese marco, Krupenye añade que compartir raíces de la imaginación con otros primates invitaría a cuestionar la idea de que los animales viven de forma estrictamente limitada al presente, y a reforzar el interés por su cuidado y supervivencia.