Bebé con manos pequeñas como la punta de un dedo, disfruta de casa tras un año

Su mano era más pequeña que la yema del dedo de su padre. Así llegó al mundo Gabriel Golden, y así empezó una historia que ha mantenido a muchos en vilo durante meses.

Nacido con apenas una libra de peso en septiembre de 2024 y con solo 22 semanas de gestación, pasó cerca de un año entre máquinas, alarmas y decisiones al límite en la Vanderbilt NICU, en Nashville (Tennessee).

Ahora, tras ese maratón hospitalario, Gabriel ya está en casa desde hace tres meses. Aún quedan retos respiratorios, pero hay un dato que dispara la esperanza: su evolución en el desarrollo va por buen camino. Sigue leyendo para entender cómo se llegó hasta aquí.

  1. Un bebé de 22 semanas que desafió todas las cifras
  2. Un año dentro de la UCI neonatal de Vanderbilt
  3. El coste emocional y el apoyo que lo sostuvo todo
  4. Cómo está Gabriel hoy: traqueostomía y avances

Un bebé de 22 semanas que desafió todas las cifras

Gabriel Golden nació tan pequeño que su padre, Garreth, aún recuerda el impacto de aquel primer contacto. “It was amazing that somehow, even though his finger was so small, I could feel his grip,” said his father Garreth.

La frase que vino después resume el momento: “The strength those tiny fingers held left me speechless.” Ese gesto mínimo se convirtió en una señal. Una de esas que, en mitad del miedo, empujan a no rendirse.

Pero el camino hasta el parto fue una cuenta atrás constante. Caroline empezó a sufrir hemorragias en la semana 14. Durante ocho semanas, los médicos advirtieron cada día que podía perder el embarazo en cualquier momento.

En casa, en reposo y con sangrados continuos, la tensión no daba tregua. Y a las 18 semanas llegó otro golpe: se rompió la bolsa. En ese punto, el bebé aún no se consideraba viable, así que la pareja vivió en un limbo hasta que, en la semana 22, Caroline fue ingresada para intentar ganar tiempo.

Entonces llegaron los números. Duros. Fríos. Según el equipo médico, la supervivencia era inferior al 5%, y las probabilidades de problemas neurológicos, defectos cardiacos y pérdida de visión o audición superaban el 90%.

Caroline lo explicó con claridad: “The biggest thing is that their lungs are barely developed,” Caroline said.

Con 22 semanas y cuatro días, la situación se complicó en una emergencia que puso en riesgo a madre e hijo. Garreth vio cómo el personal sanitario la llevaba a quirófano a toda prisa.

El padre lo describió así: “They’re having her sign paperwork that she could die from the surgery,” recalled Garreth, who spent a lot of time “not knowing what to think or what to do.”

Un año dentro de la UCI neonatal de Vanderbilt

Contra todo pronóstico, Gabriel logró salir adelante con el tubo de respiración. Ese primer triunfo no cerró la batalla, pero abrió una puerta.

Después llegó el diagnóstico que marcó el día a día: una broncodisplasia pulmonar grave, una enfermedad crónica que deja los pulmones con cicatrices y más rígidos. En las primeras seis semanas de vida, Caroline y Garreth se despidieron de su hijo en tres ocasiones distintas.

Y aún hubo más obstáculos. Varias infecciones de neumonía frenaron su evolución. Con el tiempo, los médicos concluyeron que, para sobrevivir, necesitaría una traqueostomía.

Así transcurrió casi un año dentro de la Vanderbilt NICU en Nashville, Tennessee: avances pequeños, retrocesos inesperados y un objetivo claro. Aguantar un día más. Y otro. Y otro.

El coste emocional y el apoyo que lo sostuvo todo

Mientras Gabriel luchaba, la rutina familiar se volvió extrema. Garreth siguió trabajando para poder pagar las facturas, con un trayecto de tres horas de ida y tres de vuelta. Caroline, por su parte, intentó mantenerse al lado de la incubadora el mayor tiempo posible.

En ese desgaste, el apoyo externo fue clave. Su comunidad religiosa aportó ayuda económica cuando más falta hacía. Y en el hospital, cuatro enfermeras principales de Vanderbilt acabaron siendo una familia más.

Caroline lo resumió sin rodeos: “We couldn’t have done it without them,” Caroline said.

Y añadió un detalle que lo dice todo sobre la duración del proceso: “One nurse specifically was with us for nine and a half months. I personally couldn’t have done it without her.”

La experiencia también cambió la forma de mirar la vida. Caroline, que siempre había soñado con ser madre, explicó que la fe se convirtió en su punto de apoyo cuando todo temblaba.

Sus palabras fueron estas: “I was thrust into a situation where my faith was the only thing I had to cling to. Now it’s stronger than I ever thought it could be.”

Cómo está Gabriel hoy: traqueostomía y avances

Gabriel ya está en casa desde hace tres meses, pero el cuidado sigue siendo exigente. Todavía necesita la traqueostomía y continúa con dificultades respiratorias. La vigilancia no termina al cruzar la puerta.

Aun así, hay una noticia que destaca por encima del resto. Caroline compartió con SWNS news agency un dato que cambia el tono de toda la historia: “By the grace of God, Gabriel is completely developmentally appropriate, and has no brain issues,” Caroline told SWNS news agency.

Y remató con otra frase que resume el estado general del pequeño: “Other than his lungs, his body is in wonderful working condition.”

Para Garreth, el paso por el hospital dejó también una perspectiva distinta al ver el sufrimiento de otras familias. Lo expresó al recordar lo que se siente al cruzar los pasillos del centro pediátrico.

Sus palabras fueron estas: “As complex as Gabriel is—and as precious as his life is—you walk into Vanderbilt’s Children’s Hospital, and it hits you like a wave of gratitude when you see some of the things going on with these children.”