Mantener volumen de auriculares por debajo del 60% previene pérdida auditiva

No superar el 60% del volumen en auriculares, útil en la prevención de pérdida auditiva
No superar el 60% del volumen en auriculares, útil en la prevención de pérdida auditiva

 

El doctor Carlos Ruiz Escudero, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y de Olympia Centro Médico Pozuelo, ha subrayado que mantener el volumen de los auriculares por debajo del 60% resulta una medida práctica para ayudar a prevenir la pérdida auditiva asociada a la edad.

El mensaje es claro: los hábitos diarios y la exposición al ruido influyen de forma directa en cómo evoluciona la audición con el paso del tiempo. En especial, conviene poner límites al volumen, reducir la duración del uso de auriculares y proteger los oídos en entornos ruidosos.

  1. Hábitos para proteger la audición
  2. Tipos de pérdida auditiva
  3. Causas frecuentes de presbiacusia
  4. Señales de aviso y pruebas
  5. Tratamientos disponibles
  6. Equipo profesional implicado

Hábitos para proteger la audición

Una de las recomendaciones destacadas se centra en no superar el 60% del volumen cuando se utilizan auriculares. Esta pauta busca reducir el impacto del sonido sostenido, un factor que puede acelerar el deterioro auditivo.

Además del volumen, la duración y la repetición de la exposición son elementos decisivos. Limitar el tiempo de escucha y moderar el ruido en actividades cotidianas se plantea como una forma sencilla de cuidado preventivo.

Regla 60-60 y protección en el trabajo

El especialista ha recordado una pauta concreta: "Existe la regla del 60-60, que es no utilizar auriculares a más del 60% de volumen en más de 60 minutos al día". Esta regla actúa como referencia rápida para ajustar hábitos de escucha.

En el ámbito laboral, también se insiste en la prevención como prioridad. Ruiz Escudero ha señalado que, en ese contexto, "es clave utilizar protección auditiva, que se debe extender a otras actividades lúdicas, como caza".

Revisiones y edad de inicio

La vigilancia periódica del estado del oído se presenta como un punto esencial. Según el doctor, "es muy importante mantener revisiones periódicas para verificar el nivel auditivo", ya que permiten detectar cambios a tiempo.

Sobre el momento en que comienza este proceso, se ha indicado que la pérdida de audición suele iniciarse a partir de los 40 años, pero no siempre lo hace al mismo ritmo. De hecho, "comienza antes en las personas sometidas a altos niveles de ruido por causas laborales o por ocio", y se advierte que "En la actualidad, estamos observando una pérdida más temprana de la audición en jóvenes debido a un uso inadecuado de auriculares".

Tipos de pérdida auditiva

La dificultad para oír las frecuencias altas puede presentarse en dos grandes formas. La clasificación ayuda a comprender qué parte del sistema auditivo está implicada y por qué los síntomas pueden variar.

Conocer el tipo de pérdida orienta las pruebas y las opciones de tratamiento. También facilita explicar por qué algunas soluciones funcionan mejor en determinados casos.

Neurosensorial y conductiva

La tipología neurosensorial se describe como aquella que aparece cuando falla la conversión de la vibración sonora en señal nerviosa. Este mecanismo afecta a la forma en que el oído interno y las vías nerviosas procesan el sonido.

La tipología conductiva, en cambio, se relaciona con el sistema que transmite la onda sonora. En esta situación, el problema se sitúa en el recorrido del sonido antes de llegar al oído interno.

Causas frecuentes de presbiacusia

La presbiacusia se vincula, de manera habitual, con la afectación de las células ciliadas del oído interno, encargadas de transmitir la onda sonora. Cuando estas estructuras se deterioran, la percepción auditiva puede disminuir de forma progresiva.

También se contemplan causas ligadas a interrupciones en la conducción de la onda mecánica. Entre ellas se mencionan desde un tapón de cerumen hasta la afectación de los huesecillos del oído por otitis de repetición, así como perforaciones timpánicas que pueden aparecer tras un trauma o a causa de una infección.

Señales de aviso y pruebas

Entre las señales de alerta se citan conductas como subir el volumen del televisor o notar dificultades para seguir conversaciones en ambientes ruidosos. Estos indicios suelen aparecer de forma gradual, por lo que conviene no normalizarlos.

Ante estas manifestaciones, la recomendación se orienta a confirmar la situación mediante una prueba específica. El objetivo es identificar si existe pérdida auditiva y delimitar su alcance.

Audiometría tonal y audiograma

Ruiz Escudero ha aconsejado en estos casos "realizar una audiometría tonal al paciente, en el que se le expone a tonos aislados en rangos de frecuencia de entre 250 y 8.000 hertzios, con lo que se consigue un audiograma que facilita conocer si existe pérdida auditiva o no". Esta evaluación permite registrar la respuesta del oído a diferentes frecuencias.

El audiograma resultante sirve como apoyo para decidir los siguientes pasos. Con esa información, se puede valorar el tipo de pérdida y la estrategia más adecuada para cada situación.

Tratamientos disponibles

Cuando se confirma una pérdida, el abordaje varía según el tipo y el origen. El objetivo es mejorar la audición y, cuando procede, corregir el problema que impide la correcta transmisión del sonido.

Las opciones incluyen soluciones protésicas y alternativas quirúrgicas. La elección depende del diagnóstico, del grado de afectación y de la localización del problema dentro del oído.

Audífonos, cirugía e implantes

En pérdidas neurosensoriales, se ha indicado que "el tratamiento más habitual son los audífonos, que también son muy útiles en pérdidas conductivas". Esta herramienta amplifica el sonido y puede mejorar la comprensión en la vida diaria.

En determinados casos, "el tratamiento quirúrgico es una alternativa en los casos de problemas del oído medio, por ejemplo, en el tímpano o en los huesecillos". Además, en pacientes con problemas de conducción se contempla el uso de implantes de conducción ósea, que requieren una intervención quirúrgica, y también se mencionan los implantes cocleares para pérdidas neurosensoriales, generalmente en niños que nacen con una pérdida auditiva severa.

Equipo profesional implicado

La recuperación auditiva se plantea como un proceso con enfoque de equipo. No se limita a la intervención del otorrinolaringólogo, sino que integra varias figuras para cubrir evaluación, adaptación y rehabilitación.

En este recorrido tienen un papel relevante el audiólogo, el audioprotesista y el logopeda. La coordinación entre perfiles contribuye a una atención más completa, desde el diagnóstico hasta el apoyo en la comunicación.