El 83% de españoles reclama menos gasto en armas y más cooperación
La campaña anual de Manos Unidas vuelve a situar el foco en una emergencia que avanza sin hacer ruido: el hambre. Bajo el lema “Declara la guerra al hambre”, la ONG de la Iglesia católica plantea un mensaje directo: la paz y el desarrollo no pueden separarse de la justicia social.
El llamamiento llega acompañado de un estudio sobre la percepción ciudadana en España. Los datos dibujan una idea clara: existe un amplio respaldo social a priorizar la cooperación y a entender la paz como un concepto que va mucho más allá de la ausencia de guerras.
En un contexto internacional marcado por múltiples conflictos activos y por millones de personas en situación de necesidad, la entidad insiste en que combatir el hambre implica también defender derechos básicos. El objetivo es impulsar decisiones políticas centradas en la dignidad humana.
- Prioridades sociales sobre armas y cooperación
- Paz, derechos y dignidad: lo que dice la opinión pública
- Hambre, pobreza y conflictos: cifras que marcan el debate
- Testimonios desde Colombia, Sierra Leona y Siria
- Violencia estructural: el foco de la campaña
Prioridades sociales sobre armas y cooperación
Un 83% de la población en España considera que los gobiernos deberían reducir el gasto en armas y destinar más recursos a cooperación, según el estudio de Manos Unidas titulado “Paz en un mundo en conflicto. Radiografía de la opinión pública española sobre paz y desarrollo”. Los resultados se dieron a conocer este miércoles en Madrid, coincidiendo con la presentación de la 67 campaña anual de la organización.
El informe se apoya en 1.000 entrevistas realizadas a personas de entre 18 y 65 años, y recoge una percepción amplia sobre la relación entre paz, desarrollo y políticas públicas.
Paz, derechos y dignidad: lo que dice la opinión pública
El 94% de las personas encuestadas afirma que la paz es mucho más que la ausencia de guerras y que requiere justicia social, derechos y dignidad humana. En la misma línea, el 86% cree que el mundo actual es menos pacífico y que tiene menos capacidad para construir paz.
Otro dato destacado del estudio apunta a una causa señalada con fuerza: el 75% opina que la mala gestión de los recursos y la corrupción gubernamental son el principal origen del hambre en el mundo.
Hambre, pobreza y conflictos: cifras que marcan el debate
Manos Unidas recuerda que alrededor de 673 millones de personas padecen hambre en el planeta. Además, 1.100 millones viven en extrema pobreza, y de ellas unas 455 se encuentran en países en guerra o en situación de fragilidad (PNUD, 2024).
La ONG también cita el Índice Global de la Paz 2025 para subrayar que hay 59 conflictos activos, la cifra más elevada desde la Segunda Guerra Mundial. En ese escenario, el hambre aparece como causa y consecuencia de la violencia: desestabiliza territorios y, a la vez, se agrava cuando se rompen servicios, economías y redes de apoyo.
Durante la presentación, la presidenta de Manos Unidas, Cecilia Pilar Gracia, definió “declarar la guerra al hambre” como un imperativo moral y un llamamiento a la paz, la justicia y el desarrollo. El mensaje no se limita al acceso a alimentos: incluye la defensa de derechos como educación, salud, tierra, agua e igualdad. En sus palabras, se trata, en definitiva, del derecho a tener derechos.
Testimonios desde Colombia, Sierra Leona y Siria
Tras la rueda de prensa, un coloquio moderado por Fidele Podga, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, reunió a tres socios locales vinculados a proyectos apoyados por la entidad en Siria, Sierra Leona y Colombia. Sus intervenciones pusieron rostro a situaciones donde la inseguridad y la falta de derechos se traducen en hambre y exclusión.
En Colombia, el director ejecutivo de la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano, el padre Jesús Albeiro Parra, describió cómo grupos armados ilegales se disputan el control de ríos, caminos y fronteras. Señaló que, cuando el Estado no llega con derechos, llegan las armas. Según explicó, muchas comunidades viven confinadas, sin poder pescar, sembrar o acudir al médico por miedo a combates o a minas antipersona.
Desde Sierra Leona, la hermana Sandra Ramos recordó el impacto acumulado de la guerra civil, la epidemia de ébola y la pobreza estructural: escuelas destruidas, aprendizajes interrumpidos y generaciones con oportunidades limitadas. En ese marco, defendió que la educación funciona como semilla de paz y esperanza, al abrir caminos, ofrecer alternativas y romper ciclos de pobreza que se repiten de generación en generación.
En Siria, el cofundador de los Maristas Azules, el hermano Georges Sabe, advirtió de que la crisis continúa siendo severa, con millones de personas dependientes de ayuda humanitaria y con secuelas persistentes de la guerra. Describió una transición inestable y una crisis humanitaria profunda, con expectativas de reconstrucción bajo un nuevo liderazgo, aunque con la seguridad y el desarrollo como grandes preocupaciones.
Violencia estructural: el foco de la campaña
Con “Declara la guerra al hambre”, Manos Unidas busca visibilizar una “violencia silenciosa” que pocas veces ocupa titulares, pero que afecta cada día: la pobreza extrema, la desigualdad creciente y la vulneración sistemática de derechos básicos. La organización denuncia esta forma de violencia estructural y reclama políticas y compromisos que pongan en el centro la dignidad humana y la justicia social.
El mensaje final del acto se alinea con una exigencia concreta: si la paz se entiende como derechos, oportunidades y protección, entonces combatir el hambre requiere prioridad pública, cooperación efectiva y decisiones que no se queden en declaraciones, sino que se traduzcan en cambios reales para las personas más vulnerables.