Expertos en Iglesia: el cisma de los lefebvrianos no es irreversible

Archivo - La Plaza de San Pedro del Vaticano.
Archivo - La Plaza de San Pedro del Vaticano.

El cisma de los lefebvrianos no se considera una ruptura definitiva, según expertos en temas eclesiásticos. Aún es viable la posibilidad de dialogar y reconstruir puentes, aunque reconocen que los acontecimientos recientes han complicado el retorno y lamentan el colapso del proceso de acercamiento desarrollado durante años.

El profesor de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas, Teodoro Bahillo, ha manifestado que no se trata de una separación irreversible, ya que el caso no es comparable con el de Mons. Lefebvre, aunque la reiteración en los hechos consumados dificulta la reconciliación. Apunta que la disolución definitiva de la fraternidad dentro de la Iglesia es factible, pero esto implicaría la separación total, algo que no corresponde al modo habitual de la Iglesia al tratar estas situaciones.

La Iglesia prefiere mantener un diálogo que conduzca a un retorno gradual y consensuado, donde la excomunión puede ser levantada si se muestran signos claros de arrepentimiento. Bahillo destaca que en comparación con cismas históricos como el de Oriente y Occidente, en el caso actual no existen intereses políticos ni poder civil involucrados, lo que facilita que la separación no incluya una apostasía completa ni negación de la autoridad y verdades eclesiásticas.

  1. El cisma lefebvriano y la posibilidad de diálogo
  2. La línea roja del Concilio Vaticano II
  3. Excomunión y la apertura de Roma

El cisma lefebvriano y la posibilidad de diálogo

bAbillo señala que la fractura afecta elementos esenciales vinculados a la comunión eclesial, como la aceptación de las verdades y el vínculo con el Papa. Mientras siempre ha habido grupos que resisten ciertas prácticas litúrgicas o pastorales, la desobediencia directa al Romano Pontífice representa un desafío mayor. Asimismo, destaca que la llamada contumacia o actitud desafiante ha deshecho un proceso de acercamiento que había avanzado durante años.

La línea roja del Concilio Vaticano II

Respecto a la posición de los lefebvrianos sobre el Concilio Vaticano II, el experto señala que ellos consideran que la Iglesia se traicionó a sí misma con las reformas y reflexiones emanadas del concilio. Sin embargo, no comprenden que un Concilio ecuménico representa la máxima autoridad dentro de la Iglesia, cuyas decisiones deben ser aceptadas y acatadas.

Se observa que la nostalgia por formas y actitudes de épocas anteriores es una sensibilidad personal, pero no un fundamento para imponer o exigir cambios. Los lefebvrianos interpretan muchos de los cambios como una ruptura con la tradición, mientras la Iglesia sostiene que la fidelidad a la tradición incluye también el proceso reformador que ella misma impulsa.

Excomunión y la apertura de Roma

Por otro lado, Rafael Domingo, catedrático de la Universidad de Navarra, afirma que Roma mantiene la puerta abierta para el regreso de quienes pertenezcan a la Fraternidad y estén dispuestos a reconciliarse. Destaca que el derecho penal canónico tiene un carácter medicinal y que la excomunión es una llamada a la reflexión, no una expulsión definitiva.

Domingo explica que la excomunión de los obispos consagrados sin permiso papal fue constatada por el Vaticano porque ya se había producido ipso facto, es decir, por el mismo acto de contravenir la voluntad pontificia. Ninguno fue expulsado formalmente. El cisma afecta a todo el clero y laicos que mantengan una adhesión formal a la Fraternidad.

Por último, señala que la revocación de ciertas concesiones de Papa Francisco, antes permitidas tras la remisión de excomunión por Benedicto XVI en 2009, demuestra que la ruptura en la comunión ha hecho caer todos los apoyos derivados de esa relación previa.