Baja en 18 puntos el uso de preservativo de 15 a 18 años desde 2002

Archivo - Imagen de recurso de un preservativo.
Archivo - Imagen de recurso de un preservativo.

El uso del preservativo en las relaciones sexuales completas entre adolescentes de 15 a 18 años en España registra una bajada sostenida desde 2002. La caída acumulada alcanza los 18 puntos, con un descenso de 10 puntos solo en 2022.

Los datos proceden del Estudio HBSC-2022, publicado este martes por el Ministerio de Sanidad. El informe revisa conductas sexuales en población escolarizada de 15 a 18 años.

El análisis se integra en un proyecto internacional impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto permite seguir la evolución de indicadores clave desde 2002.

  1. Cifras clave del uso del preservativo
  2. Otros métodos anticonceptivos en la última relación
  3. Descenso de métodos seguros y llamada a reforzar la prevención

Cifras clave del uso del preservativo

Comparativa 2002 y 2022

Según los resultados de 2022, el 65,5% de los jóvenes utilizó preservativo en su última relación sexual completa. En cambio, el 34,5% señaló no haberlo usado.

En 2002, el porcentaje era más alto. Entonces, el 83,8% indicó uso de preservativo, frente al 16,2% que declaró no utilizarlo.

Diferencias por sexo

Por sexo, en 2022 el 70,6% de los chicos de 15 a 18 años afirmó haber usado preservativo en su última relación sexual completa. Entre las chicas, el porcentaje fue del 60,8%.

En el caso de las chicas, el descenso se aprecia desde la edición de 2018. Esta evolución amplía la brecha de género hasta situarla en 10 puntos porcentuales.

Impacto de la capacidad adquisitiva

El informe también relaciona el uso del preservativo con la capacidad adquisitiva familiar. En todas las ediciones, los adolescentes con capacidad adquisitiva familiar baja declaran un uso menor.

La distancia entre niveles de capacidad adquisitiva baja y alta aumentó en 2010. Desde entonces, se mantiene.

Otros métodos anticonceptivos en la última relación

Píldora y marcha atrás

En 2022, el 15,9% de los adolescentes indicó haber usado la píldora anticonceptiva en su última relación sexual. Además, el 14,9% declaró haber recurrido a la marcha atrás.

El uso de la píldora anticonceptiva sube 6 puntos desde 2002, cuando se situaba en el 9,8%. A partir de 2014, se mantiene en valores parecidos, alrededor del 14% al 16%.

Uso de la píldora del día después

Entre las chicas, el informe recoge que una de cada tres (32,3%) ha utilizado alguna vez la píldora del día después. Un 7,2% la empleó en dos ocasiones y un 3,0% en tres o más.

Este uso aparece con más frecuencia en adolescentes de mayor capacidad adquisitiva (35,3%) que en las de nivel bajo (30,8%).

Descenso de métodos seguros y llamada a reforzar la prevención

Qué se considera método seguro y no seguro

El Ministerio de Sanidad destaca un descenso relevante en el uso de métodos considerados seguros para prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual en 2022. La bajada es de 10 puntos respecto a la edición anterior y de 15 puntos frente a 2002.

Según el informe, uno de cada cuatro adolescentes recurre a métodos inseguros para prevenir embarazos. Además, uno de cada tres utiliza métodos inseguros para prevenir infecciones de transmisión sexual (además de embarazos).

El documento clasifica como métodos seguros el preservativo, la píldora, la combinación de preservativo y píldora y otros anticonceptivos, como DIU y métodos hormonales. En el grupo de métodos no seguros se incluyen no usar ninguno o la marcha atrás.

Medidas que plantea Sanidad

Con estos resultados, Sanidad señala la necesidad de reforzar las políticas de educación sexual integral desde un enfoque preventivo y comunitario. También plantea atender a los determinantes sociales que influyen en la conducta sexual de los adolescentes.

El ministerio sitúa como prioridades la promoción del uso consistente de métodos seguros, la reducción de desigualdades sociales en salud sexual y la prevención de infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados. Para ello, apunta a una respuesta multisectorial con implicación de centros educativos, servicios sanitarios y familias.