Mujer: Entrena fuerza y reduce ahora tu riesgo de enfermedades cardíacas
El entrenamiento con pesas podría ser clave para reducir el riesgo de enfermedades cardíacas en mujeres, sobre todo si se combina con ejercicio aeróbico. Así lo revela un reciente estudio llevado a cabo por especialistas de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), publicado en 'JACC', la revista oficial del Colegio Americano de Cardiología.
Este estudio subraya la importancia de analizar los patrones de actividad física en su conjunto para entender mejor la salud cardiovascular, en lugar de enfocarse solo en hábitos aislados. Incorporar entrenamiento de resistencia al día a día puede aportar beneficios adicionales cuando se lleva un estilo de vida activo.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muertes a nivel global, lo que hace fundamental identificar métodos de prevención al alcance de todos. Mientras que el ejercicio aeróbico, como caminar rápido, correr, andar en bicicleta o nadar, está bien fundamentado para proteger el corazón, el entrenamiento de fuerza aún está en estudio. Este implica trabajar los músculos contra resistencia, ya sea usando el peso corporal, pesas libres, bandas elásticas o máquinas específicas.
- El papel del entrenamiento de resistencia en la salud cardiovascular
- Recomendaciones y claves del estudio Harvard
El papel del entrenamiento de resistencia en la salud cardiovascular
Las guías vigentes en Estados Unidos exigen al menos dos días semanales de entrenamiento de fuerza y 150 minutos de actividad aeróbica moderada o intensa. Además, alertan sobre los riesgos de permanecer sentados por periodos prolongados, como frente al televisor, factor de riesgo cardiovascular emergente. Este estudio investigó cómo el entrenamiento de resistencia se relaciona con el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas como parte de esta estrategia preventiva más amplia.
“Aunque se reconocen sus beneficios, el entrenamiento de fuerza suele pasar desapercibido en la prevención cardiovascular, especialmente en mujeres de mediana edad y mayores”, explica la doctora Tianyue Zhang, principal autora del estudio y experta en nutrición de Harvard.
Recomendaciones y claves del estudio Harvard
El análisis incluyó a 117.025 mujeres participantes de dos cohortes del Nurses' Health Study, con edades promedio iniciales de 66,8 y 48,1 años. Se midió su actividad de entrenamiento de fuerza cada cuatro años y se consideró el tiempo sentado frente a la televisión como indicador de sedentarismo. El principal resultado fue la incidencia de eventos cardiovasculares graves como infarto, accidentes cerebrovasculares o intervenciones coronarias.
Las mujeres que dedicaban dos o más horas semanales a entrenamiento de resistencia presentaron un 20% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular grave y hasta un 44% menos de infarto, frente a quienes no hicieron ningún tipo de entrenamiento. Cada hora adicional semanal se vinculó con un 5% menos de riesgo cardiovascular y 14% menos de infarto. Estos datos se mantuvieron sólidos incluso al ajustar por factores como el índice de masa corporal o condiciones metabólicas.
Los beneficios fueron aún mayores para aquellas que combinaban entrenamiento de fuerza con actividad aeróbica, logrando reducir en un 45% el riesgo de infarto comparadas con mujeres sin actividad física. También se observó que cumplir con las tres recomendaciones –entrenamiento de resistencia, ejercicio aeróbico y menos tiempo frente a la televisión– se asocia con la menor incidencia de eventos cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
La doctora Zhang enfatiza que, en poblaciones activas, añadir entrenamiento de fuerza puede ser vital para reducir riesgos cardíacos más allá del ejercicio aeróbico. Por ende, esta práctica debería ser un pilar en estrategias públicas para prevenir enfermedades cardiovasculares en mujeres.
El estudio reconoce limitaciones como el uso de datos autoinformados sobre el entrenamiento, posibles variables no consideradas y la diversidad limitada de participantes. Tampoco se pudo distinguir con precisión el impacto de diferentes tipos de entrenamiento de fuerza, ni su frecuencia exacta.